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NoticiasSalud

August 13, 2025

“Compras sin freno: cómo la adicción al consumo crece en la era de las redes sociales”

Un problema invisible que crece en silencio
La oniomanía, también conocida como adicción a las compras, es un trastorno del control de los impulsos que lleva a las personas a realizar compras compulsivas, muchas veces innecesarias y, en ocasiones, insostenibles para su economía. Aunque suele tratarse como un comportamiento trivial o incluso gracioso, los especialistas advierten que sus consecuencias pueden ser tan graves como las de cualquier otra adicción: endeudamiento crónico, ansiedad, depresión y deterioro de las relaciones personales.

El papel de las redes sociales en la adicción
En los últimos años, plataformas como Instagram, TikTok y Facebook han multiplicado la exposición a estímulos de consumo. Influencers, anuncios personalizados y el fenómeno del haul —videos mostrando grandes compras— generan una presión constante para adquirir productos “trendy” o supuestamente imprescindibles.

El algoritmo de estas redes se alimenta de los intereses y hábitos de cada usuario, de modo que, tras una simple búsqueda, la persona recibe un bombardeo de ofertas y contenidos relacionados que mantienen vivo el impulso de compra.

Cómo se manifiesta la oniomanía
Entre los síntomas más comunes se encuentran:

Sensación de euforia al comprar, seguida de culpa o arrepentimiento.

Acumulación de objetos sin uso real.

Endeudamiento progresivo o uso excesivo de tarjetas de crédito.

Mentir o esconder compras a familiares.

En muchos casos, la persona compra no por necesidad, sino como forma de aliviar el estrés, la tristeza o la soledad.

Factores de riesgo
Estudios sugieren que la oniomanía puede estar vinculada a:

Baja autoestima.

Alta impulsividad.

Depresión o trastornos de ansiedad.

Entornos que premian el consumo como símbolo de éxito.

Posibles soluciones y prevención
Los expertos recomiendan:

Terapia cognitivo-conductual para identificar y cambiar patrones de pensamiento asociados a las compras.

Límites financieros claros, como presupuestos semanales o uso restringido de tarjetas.

“Dieta digital”, reduciendo el tiempo en redes sociales o bloqueando publicidad personalizada.

Apoyo grupal, en comunidades presenciales o en línea de personas con el mismo problema.

Un llamado a tomarlo en serio
La adicción a las compras sigue infravalorada frente a otras conductas compulsivas, pero su impacto emocional y económico es real. En la era digital, donde la publicidad es personalizada y constante, la línea entre deseo y necesidad se difumina. Reconocer la oniomanía como un problema de salud mental es el primer paso para enfrentarlo y dejar de normalizarlo como una simple “debilidad”.

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