“Compras sin freno: cómo la adicción al consumo crece en la era de las redes sociales”
Un problema invisible que crece en silencio
La oniomanía, también conocida como adicción a las compras, es un trastorno del control de los impulsos que lleva a las personas a realizar compras compulsivas, muchas veces innecesarias y, en ocasiones, insostenibles para su economía. Aunque suele tratarse como un comportamiento trivial o incluso gracioso, los especialistas advierten que sus consecuencias pueden ser tan graves como las de cualquier otra adicción: endeudamiento crónico, ansiedad, depresión y deterioro de las relaciones personales.
El papel de las redes sociales en la adicción
En los últimos años, plataformas como Instagram, TikTok y Facebook han multiplicado la exposición a estímulos de consumo. Influencers, anuncios personalizados y el fenómeno del haul —videos mostrando grandes compras— generan una presión constante para adquirir productos “trendy” o supuestamente imprescindibles.
El algoritmo de estas redes se alimenta de los intereses y hábitos de cada usuario, de modo que, tras una simple búsqueda, la persona recibe un bombardeo de ofertas y contenidos relacionados que mantienen vivo el impulso de compra.
Cómo se manifiesta la oniomanía
Entre los síntomas más comunes se encuentran:
Sensación de euforia al comprar, seguida de culpa o arrepentimiento.
Acumulación de objetos sin uso real.
Endeudamiento progresivo o uso excesivo de tarjetas de crédito.
Mentir o esconder compras a familiares.
En muchos casos, la persona compra no por necesidad, sino como forma de aliviar el estrés, la tristeza o la soledad.
Factores de riesgo
Estudios sugieren que la oniomanía puede estar vinculada a:
Baja autoestima.
Alta impulsividad.
Depresión o trastornos de ansiedad.
Entornos que premian el consumo como símbolo de éxito.
Posibles soluciones y prevención
Los expertos recomiendan:
Terapia cognitivo-conductual para identificar y cambiar patrones de pensamiento asociados a las compras.
Límites financieros claros, como presupuestos semanales o uso restringido de tarjetas.
“Dieta digital”, reduciendo el tiempo en redes sociales o bloqueando publicidad personalizada.
Apoyo grupal, en comunidades presenciales o en línea de personas con el mismo problema.
Un llamado a tomarlo en serio
La adicción a las compras sigue infravalorada frente a otras conductas compulsivas, pero su impacto emocional y económico es real. En la era digital, donde la publicidad es personalizada y constante, la línea entre deseo y necesidad se difumina. Reconocer la oniomanía como un problema de salud mental es el primer paso para enfrentarlo y dejar de normalizarlo como una simple “debilidad”.


