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September 4, 2026

Cuando el gimnasio se convierte en obsesión: por qué cada vez más jóvenes quieren tener cuerpos musculosos

Durante mucho tiempo, el gimnasio fue asociado principalmente con adultos que buscaban mantenerse en forma, perder peso o mejorar su salud. Hoy, sin embargo, cada vez es más frecuente encontrar a adolescentes e incluso niños preocupados por cuánto músculo tienen, cómo se ven frente al espejo y cuánto tiempo deberían entrenar para conseguir un cuerpo más grande.

Para algunos jóvenes, hacer ejercicio puede ser una actividad saludable que mejora la fuerza, la autoestima y el bienestar. Pero para otros puede convertirse en una obsesión.

"Tengo pacientes obsesionados con el ejercicio que pasan cinco o seis horas al día en el gimnasio", explican profesionales que atienden a jóvenes preocupados de manera extrema por su apariencia física.

La situación refleja un fenómeno más amplio: la presión por tener un cuerpo considerado perfecto ya no afecta solamente a quienes quieren adelgazar. También alcanza a quienes sienten que nunca son suficientemente musculosos.

De querer estar delgado a querer estar fuerte

Durante décadas, buena parte de los mensajes dirigidos a los adolescentes se concentraron en la delgadez. Revistas, televisión y publicidad establecieron determinados estándares de belleza que llevaron a muchos jóvenes a preocuparse por su peso.

Las redes sociales han añadido una nueva dimensión.

Ahora no solo se promociona un cuerpo delgado. También existe una enorme cantidad de contenido relacionado con músculos, abdominales marcados, rutinas de entrenamiento y transformaciones físicas.

Los llamados "fitness influencers" muestran entrenamientos, dietas y fotografías de sus cuerpos, muchas veces presentando resultados que parecen alcanzables simplemente con suficiente disciplina.

Para un adolescente que todavía está construyendo su identidad, esa exposición constante puede convertirse en una comparación permanente.

El problema es que las redes sociales muestran principalmente el resultado final y rara vez enseñan todo lo que existe detrás de una imagen: genética, iluminación, edición fotográfica, entrenamiento durante años o incluso prácticas poco saludables.

El espejo puede convertirse en un enemigo

Uno de los aspectos más preocupantes es que algunos jóvenes empiezan a percibir su cuerpo de una manera distorsionada.

Aunque tengan una musculatura considerable, pueden seguir sintiendo que son demasiado pequeños o débiles.

En ciertos casos extremos aparece la llamada dismorfia muscular, una preocupación intensa por no tener suficiente masa muscular. La persona puede dedicar una cantidad excesiva de tiempo al entrenamiento, controlar obsesivamente su alimentación y sentirse angustiada cuando no puede ejercitarse.

El problema no está en querer ganar fuerza.

El problema aparece cuando el ejercicio deja de ser una parte de la vida y empieza a controlar prácticamente toda la vida.

Cuando cinco horas de gimnasio dejan de ser saludables

Entrenar durante varias horas todos los días puede parecer, desde fuera, una demostración de disciplina.

Pero para un niño o adolescente, pasar cinco o seis horas diarias en el gimnasio puede significar que otras áreas fundamentales de su desarrollo están quedando relegadas.

El descanso, los estudios, las relaciones familiares, los amigos, el juego y otras actividades también son necesarios.

Además, el cuerpo de un adolescente todavía está creciendo. El entrenamiento de fuerza puede formar parte de una vida saludable cuando está correctamente supervisado y adaptado a la edad, pero someterse a rutinas excesivas sin suficiente recuperación puede aumentar el riesgo de lesiones y agotamiento.

La obsesión puede llevar también a entrenar incluso cuando existen dolores o lesiones, porque el joven siente culpa si descansa.

La influencia de las redes sociales

TikTok, Instagram, YouTube y otras plataformas han convertido el cuerpo humano en un contenido permanente.

Un adolescente puede pasar de un video sobre entrenamiento a otro sobre suplementos, alimentación, músculos abdominales o transformaciones corporales en cuestión de minutos.

El algoritmo hace el resto.

Cuanto más contenido consume sobre musculación, más contenido similar puede recibir. Con el tiempo, una actividad que comenzó como curiosidad puede convertirse en una parte central de su identidad.

Además, muchos jóvenes reciben mensajes que relacionan directamente la musculatura con cualidades como éxito, masculinidad, atractivo, seguridad o popularidad.

El mensaje implícito puede terminar siendo peligroso:

si no tienes ese cuerpo, algo está mal contigo.

La adolescencia es especialmente vulnerable

La adolescencia es una etapa marcada por enormes cambios físicos y emocionales.

El cuerpo cambia rápidamente, aparecen nuevas preocupaciones sobre la apariencia y aumenta la importancia de la aceptación social.

Compararse con otros puede resultar especialmente difícil cuando los modelos de referencia que aparecen en las redes sociales son personas con cuerpos excepcionales.

Un adolescente puede observar a un joven de su misma edad con una musculatura muy desarrollada y asumir que ese debería ser su aspecto normal.

Pero los cuerpos no se desarrollan al mismo ritmo.

La genética, las hormonas, la edad, la alimentación y el propio proceso de maduración hacen que dos adolescentes puedan tener apariencias completamente diferentes y, aun así, estar perfectamente sanos.

La alimentación también puede convertirse en una batalla

La obsesión por ganar músculo no termina necesariamente en el gimnasio.

Algunos jóvenes comienzan a pesar los alimentos, contar proteínas y eliminar determinados productos de su dieta.

La alimentación deja de ser una fuente de energía y se convierte en una lista de reglas.

En situaciones más graves, pueden aparecer conductas alimentarias desordenadas, especialmente cuando el joven intenta controlar cada aspecto de su cuerpo.

También existe preocupación por el uso de suplementos y sustancias para acelerar el crecimiento muscular.

El deseo de obtener resultados rápidos puede hacer que algunos adolescentes recurran a productos o prácticas que no son apropiados para su edad y que pueden representar riesgos importantes.

¿Dónde está la frontera entre disciplina y obsesión?

No existe un número mágico de horas que permita determinar cuándo hacer ejercicio se convierte en un problema.

La clave está en observar qué lugar ocupa el ejercicio en la vida del joven.

Hay señales que pueden preocupar: sentir ansiedad o culpa cuando no puede entrenar, abandonar actividades sociales para ir al gimnasio, entrenar pese a lesiones, dedicar una cantidad excesiva de tiempo a pensar en músculos y alimentación, mirarse constantemente al espejo o sentirse profundamente insatisfecho con un cuerpo que objetivamente está sano.

También puede ser una señal de alarma cuando el estado de ánimo depende casi exclusivamente de cómo se percibe físicamente.

En esos casos, el problema ya no es simplemente hacer demasiado ejercicio.

Es posible que exista un sufrimiento psicológico que necesita atención.

El papel de los padres

Los especialistas suelen insistir en que la respuesta no debería consistir simplemente en prohibir el gimnasio.

Para muchos jóvenes, entrenar es una actividad positiva y una forma de relacionarse con otras personas.

Lo importante es comprender por qué quieren entrenar tanto.

Preguntar "¿por qué quieres tener ese cuerpo?" puede ser más útil que decir "no necesitas hacer tanto ejercicio".

También es importante evitar comentarios constantes sobre el peso, la apariencia o el tamaño corporal del adolescente.

Los padres pueden ayudar enseñando que la salud no se mide exclusivamente por la apariencia y que un cuerpo fuerte no tiene que ajustarse a un determinado modelo visual.

La solución no es demonizar los músculos

Ganar fuerza, practicar deporte y desarrollar musculatura no son objetivos negativos.

El entrenamiento de fuerza puede ofrecer numerosos beneficios cuando se realiza de manera adecuada, especialmente si está adaptado a la edad y supervisado correctamente.

El problema comienza cuando el cuerpo se convierte en una obsesión y el ejercicio deja de estar al servicio de la salud para convertirse en una herramienta para combatir una inseguridad.

Quizá la pregunta más importante no sea cuánto músculo quiere ganar un adolescente.

Es qué siente que conseguirá cuando finalmente tenga el cuerpo que está buscando.

Si detrás de esa búsqueda existe la esperanza de sentirse aceptado, atractivo, seguro o suficiente, ganar más músculo probablemente nunca resolverá completamente el problema.

Porque siempre habrá alguien más grande, más definido o con una apariencia diferente.

Una generación que aprende a mirarse todo el tiempo

Los niños y adolescentes de hoy crecen rodeados de imágenes de cuerpos cuidadosamente seleccionados.

Antes, la comparación podía producirse con los compañeros de clase o con los personajes de televisión. Ahora puede ocurrir durante horas, todos los días y con miles de personas aparentemente perfectas.

Por eso, enseñar a los jóvenes a relacionarse de manera saludable con su cuerpo se ha convertido en una tarea cada vez más importante.

El objetivo no debería ser convencerlos de que no importa cómo se ven.

Debería ser enseñarles que su valor no depende de cómo se ve su cuerpo frente al espejo.

Hacer ejercicio puede fortalecer los músculos.

Pero aprender a aceptar el propio cuerpo puede ser una de las formas más importantes de fortalecer algo todavía más necesario: la autoestima.

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