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April 4, 2025

¿Déficit o estrategia? Lo que hay detrás del argumento de Trump sobre las pérdidas comerciales de EE.UU.

Desde su primera campaña presidencial hasta su regreso al poder, Donald Trump ha repetido una afirmación que ha calado en buena parte del electorado estadounidense: que Estados Unidos “pierde” en sus relaciones comerciales con el resto del mundo. Su argumento se basa en los déficits comerciales que mantiene el país con muchas otras naciones, y ha sido usado para justificar aranceles, renegociaciones de tratados y un giro hacia el proteccionismo económico.

Pero, ¿es cierto que Estados Unidos “pierde” en sus intercambios comerciales? ¿O se trata de una visión simplificada de una dinámica mucho más compleja?

¿Qué es el déficit comercial (y por qué Trump lo critica)?
Un déficit comercial ocurre cuando un país importa más bienes y servicios de los que exporta. En 2024, el déficit comercial de EE.UU. superó los 900 mil millones de dólares, con los mayores desequilibrios frente a China, la Unión Europea, México y Vietnam.

Para Trump, este número representa una pérdida económica: dinero que “se va” del país en lugar de generar empleos y crecimiento interno. Su lógica es clara: si compramos más de lo que vendemos, estamos en desventaja.

¿Pero perder dinero significa perder en comercio?
No necesariamente. Muchos economistas advierten que un déficit comercial no es una señal automática de debilidad. De hecho, puede reflejar una economía fuerte y una moneda sólida. Estados Unidos es una nación con alta capacidad de consumo, una moneda de referencia mundial (el dólar) y una economía que atrae inversiones extranjeras constantemente.

Además, el comercio internacional no es una suma cero. Ambos países suelen beneficiarse: uno al vender, otro al acceder a productos más baratos o a tecnología de punta.

¿Y qué hay de los empleos industriales?
Trump tiene razón en un punto sensible: millones de empleos manufactureros se han perdido en EE.UU. en las últimas décadas, y muchos han sido trasladados a países con mano de obra más barata. Las políticas de libre comercio, como el TLCAN (ahora T-MEC), han contribuido a este fenómeno, aunque la automatización y la digitalización han jugado un papel igual o incluso más importante.

La paradoja del consumidor estadounidense
Curiosamente, mientras Trump denuncia las importaciones, los consumidores estadounidenses siguen beneficiándose de ellas. Comprar productos fabricados en Asia o América Latina permite mantener precios bajos en tecnología, ropa, automóviles y alimentos.

Reducir las importaciones podría aumentar los precios, afectar la inflación y reducir el poder adquisitivo de millones de familias.

¿Y qué pasa si todos hacen lo mismo?
Si otros países adoptan la misma lógica proteccionista que propone Trump, el comercio internacional se volvería más limitado y costoso. Una guerra comercial prolongada puede afectar a todos: menos exportaciones, más inflación, caída del crecimiento y mercados inestables.

Conclusión: una verdad a medias
Trump tiene razón al señalar que el sistema comercial actual no ha beneficiado a todos por igual, y que sectores industriales de EE.UU. han sufrido. Pero decir que el país “pierde” por tener déficit comercial es una visión incompleta que ignora los beneficios globales del comercio, tanto para empresas como para consumidores.

La pregunta no es si comerciar es bueno o malo, sino cómo hacerlo de forma más justa y equilibrada, sin romper los lazos económicos que han sostenido la economía global durante décadas.

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