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October 30, 2025

El aroma del estrés: cómo nuestro olor cambia cuando estamos tensos (y los animales también lo detectan)

Aunque solemos asociar el estrés con pensamientos, emociones o expresiones faciales, nuestro cuerpo también lo “dice” sin palabras.
Científicos han descubierto que el estrés tiene un olor propio, una señal química que emitimos sin darnos cuenta y que otros —incluso animales— pueden percibir con sorprendente precisión.

“El cuerpo humano es un libro abierto, y el olor del estrés es uno de sus capítulos más claros”, explica la neurobióloga Claire Guest, autora de un estudio reciente sobre comunicación olfativa.

El estrés tiene su propio perfume (y no es agradable)

Cuando una persona se encuentra en una situación de ansiedad o miedo, el cuerpo activa el sistema nervioso simpático, liberando adrenalina, cortisol y otras hormonas.
Estas sustancias alteran la composición química del sudor, especialmente en las glándulas apocrinas (las que se concentran en axilas y zonas con folículos pilosos).

El resultado: un olor corporal distinto, más ácido y penetrante, que puede ser detectado por otros humanos y animales, incluso sin que haya contacto directo.

Un experimento de la Universidad de Uppsala (Suecia) reveló que personas expuestas al “olor del miedo” —extraído de muestras de sudor tomadas durante situaciones de estrés— experimentaban aumento de la frecuencia cardíaca y sudoración, aunque no sabían de qué se trataba.

“Nuestro cerebro reacciona inconscientemente al olor del estrés ajeno. Es una forma primitiva de comunicación emocional”, señalan los investigadores.

Los perros, los mejores detectores del estrés humano

Si alguien puede “oler” nuestro estado emocional con exactitud, son los perros.
Un estudio de la Universidad Queen’s en Belfast demostró que los canes pueden detectar el estrés humano con una precisión superior al 90% simplemente oliendo una muestra de aliento o sudor.

“No solo reconocen el olor del estrés, sino que lo distinguen del ejercicio físico o del calor”, explicó la investigadora Clara Wilson, líder del proyecto.

Esta capacidad olfativa explica por qué los perros de terapia y apoyo emocional pueden calmar a personas con ansiedad o ataques de pánico: reaccionan antes incluso de que el humano sea plenamente consciente de lo que siente.

No somos los únicos: el estrés huele en todo el reino animal

El fenómeno no es exclusivo de los humanos.
Varios estudios muestran que caballos, vacas, ratas e incluso abejas cambian su olor corporal o feromonal cuando están bajo estrés.

En el caso de los caballos, el estrés genera una alteración en las moléculas de su sudor, lo que provoca que otros ejemplares se muestren más inquietos o eviten el contacto.
Entre las abejas, la liberación de un compuesto conocido como isopentil acetato actúa como una alarma química que alerta a toda la colmena.

“En la naturaleza, el olor del estrés es un lenguaje de supervivencia”, señala el etólogo Marc Bekoff, de la Universidad de Colorado.

El estrés que se huele (y se contagia)

Los científicos lo llaman “contagio emocional olfativo”: la capacidad de percibir el estado emocional de otro a través del olor.
Esto explica por qué, en un grupo de personas, el nerviosismo puede propagarse rápidamente, incluso si nadie dice una palabra.

Cuando alguien está tenso, su cuerpo emite señales químicas que activan áreas cerebrales en quienes lo rodean, como la amígdala (responsable del miedo) y el hipotálamo, que regula la respuesta al estrés.

“El olor del estrés puede ser tan contagioso como un bostezo”, afirma la neurocientífica Denise Chen, de la Universidad de Rice.

Oler la calma también es posible

La buena noticia es que nuestro cuerpo también desprende aromas positivos.
Cuando estamos relajados, enamorados o felices, liberamos moléculas diferentes —como las endorfina-aldehídas— que transmiten serenidad y confianza.

De hecho, se ha comprobado que oler la ropa de una persona querida reduce los niveles de cortisol en el cuerpo y genera sensación de seguridad.

Más allá del desodorante: una ventana invisible a nuestras emociones

El olor, aunque invisible, es una firma biológica del alma.
Dice cómo nos sentimos antes de que logremos expresarlo, y conecta nuestros cuerpos con el instinto ancestral que compartimos con el resto del reino animal.

Así que la próxima vez que digas “puedo oler el estrés en el ambiente”, recuerda: no es solo una metáfora.
Tu nariz —y la de tu perro— realmente lo sabe

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