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March 3, 2026

La cultura del “siempre conectados”: por qué algunas tecnológicas promueven semanas laborales de 72 horas

En el competitivo mundo de la tecnología, algunas empresas emergentes y grandes corporaciones han comenzado a enviar un mensaje polémico: buscan empleados “obsesionados” con su trabajo. En ciertos casos, esto se traduce en jornadas que alcanzan las 72 horas semanales, una práctica que reabre el debate sobre productividad, salud mental y cultura empresarial.

La lógica detrás de las jornadas extendidas

Las compañías tecnológicas operan en un entorno de innovación constante y competencia global. Para algunas, la rapidez en el desarrollo de productos y la capacidad de adaptación justifican exigir un alto nivel de dedicación.

Entre los argumentos más comunes están:

Acelerar lanzamientos y mantenerse por delante de la competencia.

Maximizar resultados en etapas críticas de crecimiento.

Crear una cultura de compromiso extremo.

En startups, especialmente, la idea de “trabajar como si fuera tu propia empresa” se convierte en parte del discurso motivacional.

La cultura del alto rendimiento

En ciertos entornos tecnológicos se ha normalizado el trabajo nocturno, la disponibilidad permanente y la presión por resultados medibles. La narrativa del “hustle” —trabajar sin descanso para alcanzar el éxito— ha ganado terreno, especialmente entre jóvenes profesionales.

Sin embargo, estudios en psicología organizacional muestran que jornadas prolongadas pueden afectar la concentración, aumentar errores y provocar agotamiento.

Productividad vs. bienestar

Expertos en recursos humanos advierten que trabajar más horas no siempre significa producir más. De hecho:

El agotamiento reduce la creatividad.

El estrés crónico impacta la salud física y mental.

La rotación de personal puede aumentar en entornos de alta presión.

Algunos países han implementado regulaciones para limitar horas laborales semanales precisamente por estos riesgos.

Tendencias opuestas

Mientras algunas tecnológicas promueven semanas de 72 horas, otras empresas están experimentando con semanas laborales de cuatro días o modelos híbridos que priorizan equilibrio vida–trabajo.

La diferencia radica en cómo cada organización define éxito: rapidez y expansión acelerada, o sostenibilidad a largo plazo.

¿Un modelo sostenible?

La pregunta central es si una cultura de trabajo extremo puede mantenerse sin afectar talento, innovación y reputación corporativa.

Aunque para ciertos perfiles la intensidad puede resultar atractiva, el desafío para las empresas será encontrar un punto donde la ambición no se convierta en desgaste.

El debate continúa abierto: ¿compromiso total o equilibrio estratégico? En la industria tecnológica, la respuesta podría definir el futuro del trabajo.

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