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August 13, 2026

Terremotos: por qué la ciencia todavía no puede decir cuándo ocurrirá el próximo

Los terremotos pueden ser devastadores, pero existe una pregunta que continúa desafiando a científicos de todo el mundo: ¿es posible saber exactamente cuándo ocurrirá uno?

A pesar de los enormes avances en geología, sismología y tecnología, actualmente no existe un método científico capaz de indicar con precisión el día, la hora y el lugar exactos de un terremoto. Esto no significa que los científicos no puedan estudiar los terremotos. De hecho, pueden identificar zonas de riesgo, analizar fallas geológicas y calcular probabilidades. Lo que todavía no pueden hacer es convertir esos datos en una predicción exacta.

La Tierra está en constante movimiento

La superficie terrestre está dividida en grandes placas tectónicas que se desplazan lentamente. En los límites entre ellas se acumula tensión debido al movimiento continuo.

Cuando la tensión supera la resistencia de las rocas, una falla puede romperse y liberar una enorme cantidad de energía en forma de ondas sísmicas.

El problema es que este proceso ocurre a grandes profundidades y depende de numerosas variables que son extremadamente difíciles de observar directamente.

Una falla no funciona como un reloj

Una de las principales dificultades consiste en que las fallas geológicas no acumulan tensión de manera perfectamente regular.

Aunque los científicos pueden estudiar terremotos anteriores y detectar patrones, cada ruptura ocurre bajo condiciones particulares. Dos segmentos de una misma falla pueden comportarse de manera diferente y liberar energía en momentos distintos.

Por eso, saber que una zona tiene una alta probabilidad de experimentar un terremoto no significa que sea posible determinar cuándo sucederá.

¿Y las señales que aparecen antes?

A lo largo de los años se han investigado posibles señales precursoras: pequeños terremotos, cambios en las aguas subterráneas, deformaciones del terreno, emisiones de gases e incluso alteraciones electromagnéticas.

Algunas de estas variables pueden cambiar antes de determinados terremotos, pero ninguna ha demostrado ser suficientemente fiable y consistente como para utilizarse para predecir un terremoto concreto.

Una señal que aparece antes de un terremoto en un caso puede no aparecer en otro. Y una anomalía puede producirse sin que posteriormente ocurra un gran terremoto.

Predecir no es lo mismo que pronosticar

Esta diferencia es fundamental.

Los científicos pueden realizar pronósticos probabilísticos. Por ejemplo, pueden determinar que una determinada región tiene una elevada posibilidad de experimentar movimientos sísmicos durante un período determinado.

También pueden identificar fallas activas y estudiar la frecuencia de terremotos históricos.

Pero una predicción propiamente dicha tendría que responder preguntas mucho más específicas: dónde ocurrirá, cuándo ocurrirá y qué magnitud tendrá.

Ese nivel de precisión todavía está fuera del alcance de la ciencia.

Lo que sí puede hacer la tecnología

Aunque no puede decirnos cuándo comenzará un terremoto, la tecnología sí puede reducir sus consecuencias.

Las redes sísmicas permiten detectar rápidamente las ondas producidas por un terremoto y enviar alertas antes de que las ondas más destructivas lleguen a determinadas zonas.

Estos sistemas no predicen el terremoto con anticipación. Detectan que ya comenzó y aprovechan la diferencia de velocidad entre las ondas sísmicas y las comunicaciones electrónicas para proporcionar algunos segundos de advertencia.

Puede parecer poco tiempo, pero esos segundos pueden permitir detener trenes, abrir puertas de emergencia, apagar determinados sistemas industriales o buscar un lugar seguro.

Los grandes terremotos dejan lecciones

Cada terremoto importante proporciona información para mejorar los modelos científicos.

Los investigadores analizan cómo se rompió la falla, cómo se propagaron las ondas, qué estructuras resultaron dañadas y cómo respondió el terreno. Estos datos ayudan a comprender mejor el comportamiento sísmico y a mejorar las estimaciones de riesgo.

Pero cada nuevo terremoto también recuerda los límites de nuestro conocimiento.

La Tierra es un sistema extraordinariamente complejo y las fuerzas que actúan bajo nuestros pies no pueden observarse directamente con el nivel de detalle necesario para anticipar una ruptura exacta.

La mejor herramienta sigue siendo la preparación

Ante la imposibilidad de predecir el momento preciso de un terremoto, la estrategia más efectiva es prepararse para cuando ocurra.

Construcciones resistentes, sistemas de alerta, simulacros, planes familiares de emergencia y conocimiento sobre cómo actuar durante un movimiento sísmico pueden salvar vidas.

La ciencia quizá algún día consiga comprender mucho mejor los procesos que preceden a un terremoto. Pero mientras esa capacidad no exista, confiar en una supuesta fecha exacta anunciada por fuentes no científicas puede ser peligroso.

No podemos saber con certeza cuándo temblará la Tierra, pero sí podemos decidir qué tan preparados estaremos cuando lo haga.

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