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August 27, 2025

Tragedia en silencio: el tiroteo en una escuela católica de EE.UU. que dejó dos niños muertos y 17 heridos

La rutina de oraciones y clases en una escuela católica de Estados Unidos se convirtió en una escena de horror cuando un tiroteo dejó como saldo la muerte de dos niños y al menos 17 personas heridas. El hecho, que conmocionó a la comunidad local y al país entero, vuelve a encender el debate sobre la violencia armada en las aulas estadounidenses.

“Los niños estaban rezando”

Testigos relatan que el ataque ocurrió en medio de un momento de oración. “Los niños estaban rezando cuando todo pasó”, dijo entre lágrimas una maestra sobreviviente. El desconcierto se transformó rápidamente en pánico, con estudiantes y docentes buscando refugio mientras sonaban los disparos.

El ataque

De acuerdo con la policía, el atacante ingresó al recinto escolar en horas de la mañana. Aunque fue reducido minutos después, el saldo ya era devastador. Las autoridades aún investigan sus motivaciones y confirmaron que entre los heridos hay tanto menores de edad como adultos.

Reacciones inmediatas

El presidente de EE.UU. lamentó la tragedia y ofreció condolencias a las familias, reiterando su llamado al Congreso para fortalecer las regulaciones sobre armas de fuego. Líderes religiosos calificaron lo ocurrido como “un atentado contra la inocencia” y llamaron a la sociedad a no normalizar la violencia en las escuelas.

Un patrón doloroso

Este tiroteo se suma a la larga lista de ataques registrados en centros educativos del país en los últimos años. Organizaciones de derechos civiles y asociaciones de padres insisten en que la inacción política sigue costando vidas, mientras la población infantil vive bajo la amenaza constante de la violencia armada.

El duelo de una comunidad

En la parroquia de la escuela, se han encendido velas y organizado vigilias en honor a las víctimas. “Es inconcebible que un lugar de fe y aprendizaje se convierta en escenario de muerte”, expresó el párroco local.

El eco de los disparos se ha apagado, pero el vacío dejado por los dos niños fallecidos y las heridas físicas y emocionales de los sobrevivientes marcan una cicatriz difícil de sanar.

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