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September 12, 2025

El costo del capitalismo depredador: clases resentidas y la búsqueda de revancha social

Durante décadas, el capitalismo depredador —basado en la concentración de riqueza, la precarización laboral y el desmantelamiento de derechos sociales— fue presentado como el camino inevitable hacia el progreso. Sin embargo, los resultados muestran un panorama distinto: amplios sectores de la población quedaron marginados, acumulando frustración y resentimiento que hoy se expresan en las calles y en las urnas.

Cuando el crecimiento no se reparte

La globalización, las privatizaciones y la flexibilización laboral generaron enormes beneficios para las élites financieras y empresariales, pero no para la mayoría. En muchos países, los salarios se estancaron, la desigualdad aumentó y los servicios básicos se deterioraron. Millones de personas vieron que el “progreso” prometido nunca llegó a sus hogares.

El resentimiento como fuerza política

Ese desencanto se ha convertido en ** combustible político**. Grupos sociales que se sienten abandonados por el sistema ahora buscan revancha, apoyando liderazgos disruptivos, populistas o antisistema. Desde movimientos de extrema derecha hasta expresiones de izquierda radical, todos encuentran terreno fértil en la ira acumulada de las clases trabajadoras y medias empobrecidas.

Los efectos visibles

Protestas masivas contra la desigualdad y la corrupción en distintas partes del mundo.

Auge de discursos radicales, que prometen devolver poder y dignidad a “los olvidados”.

Polarización creciente, donde los consensos políticos parecen imposibles.

El espejo para el sistema

El fracaso del capitalismo depredador no solo se mide en pobreza y desigualdad, sino también en la erosión de la confianza en las instituciones democráticas. Sociólogos advierten que, si no se corrigen sus excesos, la revancha de las clases resentidas podría traducirse en mayor inestabilidad política y social.

¿Hacia dónde vamos?

El desafío actual no es derribar el sistema económico global, sino transformarlo en uno que priorice justicia social, sostenibilidad y equidad. La pregunta es si las élites estarán dispuestas a ceder privilegios antes de que el resentimiento se convierta en una ruptura aún más profunda.

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