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September 14, 2026

China niega una guerra tecnológica con EE.UU., pero la batalla por la inteligencia artificial se intensifica

La inteligencia artificial se ha convertido en uno de los grandes campos de disputa entre Estados Unidos y China. Mientras Washington acusa a empresas chinas de utilizar métodos agresivos para aprovechar capacidades desarrolladas por compañías estadounidenses, Pekín rechaza esas acusaciones y asegura que el mundo no debería convertir la IA en un nuevo escenario de confrontación geopolítica.

La discusión llega en un momento especialmente delicado, cuando ambos países buscan mantener su ventaja tecnológica y, al mismo tiempo, preparan nuevas conversaciones de alto nivel sobre inteligencia artificial.

Pekín rechaza las acusaciones estadounidenses

El gobierno chino rechazó las recientes acusaciones de Estados Unidos contra varias empresas de su país, entre ellas DeepSeek, Alibaba y Moonshot AI.

Washington sostiene que compañías chinas han utilizado una técnica conocida como destilación de modelos, mediante la cual un modelo de inteligencia artificial más pequeño aprende a partir de las respuestas producidas por sistemas más grandes y costosos.

Las agencias estadounidenses FBI, NSA y CISA acusaron a empresas chinas de utilizar esta técnica de manera sistemática para obtener capacidades de modelos estadounidenses como Claude, GPT, Gemini y Grok.

Según Washington, algunas de estas operaciones habrían utilizado cuentas y mecanismos destinados a eludir las restricciones establecidas por las empresas estadounidenses.

China, sin embargo, considera que esa interpretación es exagerada.

Su Ministerio de Comercio afirmó que la destilación es una técnica tecnológica utilizada internacionalmente y que no puede calificarse automáticamente como una actividad maliciosa. Pekín acusó además a Washington de utilizar las preocupaciones de seguridad como argumento para limitar el desarrollo de la industria china de inteligencia artificial.

Pekín habla de cooperación, no de una competencia destructiva

La posición china intenta presentar el desarrollo de la IA como una cuestión que debería beneficiar a todos los países y no como una carrera en la que necesariamente debe existir un ganador y un perdedor.

El Ministerio de Relaciones Exteriores chino ha pedido a Estados Unidos que deje de realizar acusaciones que considera infundadas y ha defendido una mayor cooperación entre las dos principales potencias tecnológicas.

Pekín sostiene que China ha avanzado en inteligencia artificial gracias a sus propios esfuerzos de innovación y autosuficiencia tecnológica.

También ha advertido que, si Estados Unidos utiliza las acusaciones sobre la destilación como justificación para imponer nuevas medidas contra las empresas chinas de IA, responderá con contramedidas.

Pero detrás del lenguaje diplomático existe una realidad difícil de ignorar: Estados Unidos y China compiten por definir quién tendrá mayor influencia sobre una de las tecnologías más importantes del siglo XXI.

Una carrera que va mucho más allá de los chatbots

La competencia no se limita a saber quién desarrolla el mejor asistente conversacional.

La inteligencia artificial está comenzando a transformar sectores como la medicina, la industria, las finanzas, la defensa, la robótica, los vehículos autónomos y la ciberseguridad.

También existe una dimensión económica enorme.

Los países que dominen los modelos avanzados de IA necesitarán grandes cantidades de capacidad informática, centros de datos, electricidad, talento especializado y acceso a los chips más sofisticados.

Precisamente por eso Washington ha utilizado controles de exportación para limitar el acceso chino a determinadas tecnologías avanzadas de semiconductores.

China, ante esas restricciones, ha buscado desarrollar alternativas nacionales y modelos capaces de ofrecer un rendimiento competitivo utilizando menos recursos.

Algunas empresas chinas han conseguido llamar la atención precisamente por producir modelos relativamente eficientes y de menor costo, lo que ha complicado la idea de que Estados Unidos mantendrá indefinidamente una ventaja incontestable.

Estados Unidos tampoco quiere ceder el liderazgo

Desde Washington, el problema se interpreta de una manera muy diferente.

Funcionarios estadounidenses consideran que mantener la superioridad en inteligencia artificial tiene implicaciones económicas y de seguridad nacional.

El secretario del Tesoro, Scott Bessent, llegó a afirmar recientemente que China no podrá superar a Estados Unidos en IA, mientras que el presidente Donald Trump ha insistido en que Estados Unidos debe conservar el liderazgo tecnológico frente a Pekín.

La preocupación estadounidense tampoco se limita al desarrollo comercial.

Existe temor de que sistemas avanzados de inteligencia artificial puedan ser utilizados para desarrollar herramientas militares, realizar operaciones cibernéticas, mejorar sistemas de vigilancia o acelerar otras tecnologías estratégicas.

En ese contexto, lo que para Pekín puede ser una política estadounidense de contención tecnológica, para Washington puede ser una cuestión de seguridad nacional.

El debate sobre quién controla la IA

La disputa adquiere todavía más importancia porque ahora aparecen nuevas voces dentro de la propia industria tecnológica estadounidense.

Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, ha pedido que Estados Unidos mantenga restricciones sobre determinadas tecnologías avanzadas destinadas a China y ha advertido sobre los riesgos de que Pekín consiga alcanzar una posición dominante en inteligencia artificial.

Otros líderes tecnológicos también han expresado preocupación por la velocidad con la que avanza esta tecnología y por la posibilidad de que el desarrollo supere la capacidad de los gobiernos para establecer controles adecuados.

China, por su parte, acusa a algunos sectores estadounidenses de utilizar precisamente ese discurso sobre los riesgos de la IA para frenar el avance de sus competidores.

Una rivalidad que podría definir el futuro

La paradoja es que China niega estar participando en una competencia "maliciosa" con Estados Unidos, pero al mismo tiempo está realizando enormes inversiones para convertirse en una potencia mundial de inteligencia artificial.

Estados Unidos hace exactamente lo contrario desde su propia perspectiva: habla de cooperación y seguridad internacional, pero también utiliza controles comerciales y tecnológicos para evitar que China tenga acceso a algunas de las herramientas más avanzadas.

Ambas potencias parecen compartir una conclusión fundamental: la inteligencia artificial será demasiado importante como para quedar fuera de la estrategia nacional.

El verdadero problema será determinar hasta dónde llegará esa competencia.

Si la rivalidad se convierte en una carrera sin reglas, podría aumentar la fragmentación tecnológica del mundo, dividir mercados y dificultar la creación de estándares internacionales comunes.

Pero si Washington y Pekín consiguen establecer mecanismos de diálogo, podrían competir tecnológicamente sin convertir cada avance del otro en una amenaza.

El gran desafío: competir sin perder el control

La historia demuestra que las grandes carreras tecnológicas pueden producir enormes avances, pero también pueden generar tensiones difíciles de controlar.

La inteligencia artificial plantea una situación todavía más compleja porque no se trata únicamente de quién fabrica el mejor producto. Se trata de quién establece los estándares, quién controla la infraestructura, quién posee los datos y quién determina cómo se utilizará una tecnología capaz de transformar prácticamente todos los sectores de la sociedad.

China insiste en que no busca una confrontación tecnológica. Estados Unidos insiste en que no puede permitirse perder el liderazgo.

Entre ambas posiciones se encuentra el resto del mundo, que tendrá que decidir si quiere convertirse en espectador, elegir un bando o participar en la construcción de reglas que permitan aprovechar los beneficios de la inteligencia artificial sin convertirla en el próximo gran campo de batalla geopolítico.

La verdadera competencia quizá no sea quién llega primero a la inteligencia artificial, sino quién consigue utilizarla de manera más segura, responsable y beneficiosa para la humanidad.

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