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October 19, 2026

Alquilar compañía para no envejecer en soledad: el fenómeno de los «hijos por horas» que crece en China

En China, algunas personas mayores están recurriendo a una alternativa poco convencional para combatir la soledad: contratar jóvenes que las acompañen, conversen con ellas, compartan una comida o las ayuden a sentirse menos aisladas. A estos acompañantes se les conoce popularmente como «hijos temporales» o «hijos por horas», una expresión que refleja el deseo de recuperar parte de la cercanía familiar que muchos ancianos echan en falta.
El fenómeno pone de relieve una realidad social cada vez más visible en sociedades que envejecen rápidamente: tener hijos no garantiza que una persona mayor cuente con compañía cotidiana. La migración por motivos laborales, las distancias geográficas, los cambios en la estructura familiar y las exigencias de la vida moderna pueden dificultar el contacto frecuente entre generaciones.
Más que un simple servicio comercial, esta práctica abre un debate sobre cómo cuidar emocionalmente a los adultos mayores y qué ocurre cuando el tiempo, la atención y la compañía comienzan a contratarse como cualquier otro servicio.

Uno de los casos que ilustra esta realidad es el de Yang, una mujer de 91 años que vive en las afueras de Pekín. Después de la muerte de su esposo, la soledad se convirtió en una de las mayores dificultades de su vida cotidiana.

En declaraciones recogidas por la BBC, la anciana explicó que, cuando necesitaba hablar con alguien, a veces terminaba conversando con el televisor. Su situación se complicaba por el glaucoma y la pérdida progresiva de visión, que le dificultaban realizar algunas tareas sencillas en su propia casa.

Su día a día comenzó a cambiar cuando un equipo dirigido por Wang Yingwei empezó a visitarla dos veces al día para entregarle comida caliente. Los trabajadores también la ayudaban con pequeñas reparaciones domésticas y otras necesidades prácticas.

Wang describe a los integrantes de su equipo como «hijos de la comunidad». Su objetivo es ofrecer a los mayores una atención cercana y ayudarles a permanecer en sus hogares durante más tiempo, en lugar de verse obligados a trasladarse a una residencia por falta de apoyo.

Según el reportaje de la BBC, el servicio cuesta menos de la mitad que contratar a un cuidador convencional. Wang decidió poner en marcha esta iniciativa después de que su suegro desarrollara alzhéimer y tuviera que ingresar en una residencia. Aquella experiencia lo llevó a buscar una alternativa para otras personas mayores que desean seguir viviendo en casa.

Una industria que crece al ritmo de la soledad

El fenómeno forma parte de lo que algunos analistas denominan la «economía de la soledad»: un conjunto de servicios comerciales destinados a proporcionar compañía, asistencia cotidiana y apoyo emocional a personas que carecen de una red cercana de ayuda.

De acuerdo con una estimación de la firma de valores china Sinolink, citada en la cobertura de la BBC, este mercado alcanzó un valor aproximado de 7.400 millones de dólares en 2025. La cifra debe interpretarse con cautela, ya que se trata de una estimación de un sector amplio y no de una estadística oficial específica sobre los llamados hijos temporales.

Dentro de esta economía existen servicios muy diferentes. Algunos trabajadores visitan regularmente a los ancianos, les llevan comida y les ayudan con las tareas del hogar. Otros se especializan en acompañarlos al médico, recoger medicamentos o realizar gestiones que les resultan difíciles debido a problemas de movilidad o salud.

La contratación puede organizarse mediante empresas, plataformas digitales o proveedores independientes. En algunos casos, los clientes buscan asistencia puntual; en otros, prefieren establecer visitas periódicas que les permitan contar con una persona conocida y de confianza.

El negocio no vende necesariamente una relación familiar auténtica. Ofrece tiempo, atención y ayuda práctica, aunque para quienes viven aislados esos encuentros pueden adquirir un significado emocional mucho más profundo.

El problema demográfico detrás del fenómeno

China atraviesa una transformación demográfica marcada por el envejecimiento de su población y los cambios en la estructura de los hogares.

Durante décadas, la política del hijo único contribuyó a reducir el tamaño de muchas familias. Al mismo tiempo, la urbanización y la migración laboral han llevado a numerosos jóvenes a trasladarse a ciudades alejadas de sus padres para estudiar o trabajar.

Como consecuencia, algunos adultos mayores viven solos o tienen familiares que no pueden visitarlos con frecuencia. Aunque sus hijos quieran ayudarlos, los horarios laborales, las distancias y las responsabilidades económicas pueden limitar el tiempo disponible.

A esta situación se suma el aumento de las necesidades de asistencia durante la vejez. Una persona puede conservar su independencia y, aun así, necesitar ayuda para acudir a una consulta médica, reparar un electrodoméstico o preparar sus comidas.

El problema no es exclusivo de China. En distintos países, el envejecimiento de la población está obligando a reconsiderar cómo se distribuyen las responsabilidades del cuidado entre las familias, los servicios públicos y el sector privado.

No todos los clientes son ancianos

Aunque los adultos mayores representan uno de los grupos más visibles de este mercado, la contratación de compañía también se extiende a personas jóvenes que viven lejos de sus familias.

La BBC recogió el caso de Liu Yanyan, una joven de 23 años que trabaja en Pekín acompañando pacientes a consultas médicas. Sus tareas incluyen ayudar con las citas, recoger resultados de pruebas y conseguir medicamentos.

Algunos clientes son profesionales que se han trasladado a la capital y no tienen amigos o familiares disponibles para acompañarlos al hospital. Otros prefieren no pedir ayuda a compañeros de trabajo o conocidos.

Esta modalidad demuestra que la necesidad de compañía no depende únicamente de la edad. También puede surgir cuando una persona se encuentra en una ciudad desconocida, atraviesa una situación difícil o carece de una red de apoyo cercana.

La diferencia es que, para muchos ancianos, el aislamiento puede prolongarse durante años y combinarse con la pérdida de la pareja, el deterioro físico y la dificultad para realizar actividades cotidianas.

¿Puede el dinero sustituir el afecto familiar?

La expansión de estos servicios plantea una pregunta difícil: ¿es posible aliviar la soledad mediante una relación por la que se paga?

Para algunas personas, la respuesta es que la compañía profesional puede representar una ayuda real. Tener a alguien que escuche, comparta una comida o se interese por sus necesidades puede hacer que un día sea menos solitario.

Además, pagar por un servicio permite acordar horarios y tareas concretas. Esa previsibilidad puede resultar útil para quienes no quieren depender constantemente de familiares ocupados o de amistades que tienen sus propias responsabilidades.

Sin embargo, la relación comercial tiene límites. El acompañante presta un servicio y no necesariamente comparte el vínculo afectivo, la historia familiar o el compromiso personal que suelen caracterizar las relaciones entre padres e hijos.

La académica Teresa Kuan, de la Universidad China de Hong Kong, explicó a la BBC que las relaciones de compañía pagada pueden ofrecer expectativas más previsibles que las amistades, precisamente porque se trata de un servicio con condiciones acordadas.

Esto no significa que la atención sea falsa o que no pueda surgir un vínculo genuino. Significa que el acompañamiento remunerado y el afecto familiar cumplen funciones diferentes, aunque en ocasiones puedan complementarse.

Los riesgos de convertir el cuidado en un negocio

El crecimiento de esta actividad también plantea desafíos. Cuando se contrata a una persona para acompañar a un adulto mayor, es importante establecer qué tareas puede realizar, cómo se protege la privacidad del cliente y qué ocurre si surge una emergencia médica.

La confianza es especialmente importante cuando los trabajadores acceden al domicilio de personas vulnerables o las acompañan a realizar gestiones financieras y sanitarias.

También es necesario distinguir entre compañía, asistencia doméstica y atención médica profesional. Un acompañante no debe sustituir a un profesional sanitario cuando la situación requiere conocimientos clínicos o cuidados especializados.

La calidad de estos servicios depende de la formación de los trabajadores, los mecanismos de supervisión y la existencia de procedimientos para responder ante posibles abusos o negligencias.

Por otra parte, confiar exclusivamente en soluciones comerciales puede dejar desprotegidas a las personas mayores que no tienen recursos suficientes para pagarlas. Por eso, la expansión de estos negocios no elimina la necesidad de servicios públicos, programas comunitarios y redes familiares de apoyo.

Una señal de cómo está cambiando la sociedad

La aparición de los hijos temporales en China refleja una transformación profunda de las relaciones familiares y de las formas de organizar el cuidado.

Durante generaciones, la atención a los padres mayores se consideró principalmente una responsabilidad de los hijos. Hoy, las distancias, los cambios laborales y las nuevas estructuras familiares hacen que esa expectativa resulte más difícil de cumplir en algunos hogares.

Los servicios de compañía remunerada ofrecen una respuesta parcial a esa realidad. Pueden ayudar a los ancianos a conservar su independencia y a sentirse acompañados, pero no resuelven por sí solos las causas del aislamiento social.

La experiencia también invita a reflexionar sobre una cuestión que trasciende las fronteras chinas: ¿cómo garantizar que las personas mayores tengan compañía, atención y dignidad cuando sus familias no pueden estar presentes todos los días?

Quizá la lección más importante sea que envejecer no debería significar quedarse sin alguien con quien hablar. La ayuda profesional puede cubrir algunas necesidades, pero una sociedad que cuida a sus mayores también necesita espacios de encuentro, comunidades solidarias y relaciones humanas que no dependan exclusivamente de la capacidad de pagar.

Porque, al final, una comida caliente puede aliviar el hambre y una visita puede hacer más llevadera una tarde solitaria. Pero sentirse escuchado, recordado y acompañado sigue siendo una necesidad humana que merece atención mucho antes de convertirse en un negocio.

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