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June 26, 2026

Cuando el calor se convierte en un peligro: así afecta las altas temperaturas al cuerpo humano y cómo prevenir sus riesgos

Las intensas olas de calor que han afectado a varios países de Europa han vuelto a poner sobre la mesa un problema cada vez más frecuente: el impacto de las temperaturas extremas sobre la salud. Aunque muchas personas asocian el calor con actividades al aire libre y el verano, cuando los termómetros alcanzan niveles inusualmente altos el organismo puede sufrir consecuencias graves que, en algunos casos, ponen en riesgo la vida.

El cuerpo humano mantiene su temperatura interna alrededor de los 37 grados centígrados mediante mecanismos como la sudoración y el aumento del flujo sanguíneo hacia la piel. Sin embargo, cuando el ambiente es demasiado caluroso o la humedad es elevada, estos sistemas pierden eficacia y el organismo comienza a sobrecalentarse.

Uno de los primeros efectos del calor extremo es la deshidratación. La pérdida constante de líquidos y minerales a través del sudor puede provocar sed intensa, cansancio, dolor de cabeza, mareos y disminución del rendimiento físico y mental. Si no se reponen los líquidos a tiempo, la situación puede agravarse rápidamente.

Otro problema frecuente son los calambres por calor, causados por la pérdida de electrolitos durante la sudoración excesiva. Estos espasmos musculares suelen aparecer después de realizar actividad física bajo altas temperaturas y pueden afectar piernas, brazos o abdomen.

Cuando el organismo ya no logra controlar adecuadamente su temperatura, puede presentarse el agotamiento por calor. Sus síntomas incluyen debilidad, náuseas, piel fría o húmeda, pulso acelerado, sudor abundante y sensación de desmayo. En este punto es fundamental trasladar a la persona a un lugar fresco, ofrecerle agua y permitir que descanse.

La complicación más peligrosa es el golpe de calor, una emergencia médica que ocurre cuando la temperatura corporal supera niveles críticos. En estos casos pueden aparecer confusión, alteración del estado de conciencia, convulsiones o pérdida del conocimiento. Sin atención inmediata, el golpe de calor puede provocar daños en órganos vitales e incluso causar la muerte.

Las personas mayores, los niños pequeños, las mujeres embarazadas y quienes padecen enfermedades cardíacas, respiratorias o renales son especialmente vulnerables. También enfrentan un mayor riesgo quienes trabajan al aire libre o practican ejercicio intenso durante las horas de mayor calor.

Los especialistas recomiendan varias medidas para reducir el riesgo durante una ola de calor. La hidratación constante es una de las más importantes, incluso cuando no se siente sed. También aconsejan utilizar ropa ligera y de colores claros, permanecer en lugares ventilados o con aire acondicionado, evitar la exposición directa al sol entre el mediodía y las primeras horas de la tarde, y reducir las actividades físicas intensas en los momentos de mayor temperatura.

La alimentación también puede contribuir al bienestar. Consumir frutas y verduras con alto contenido de agua, así como evitar comidas demasiado pesadas y el consumo excesivo de alcohol, ayuda a mantener el equilibrio del organismo durante los días más calurosos.

El aumento en la frecuencia e intensidad de las olas de calor ha llevado a las autoridades sanitarias de numerosos países a reforzar los sistemas de alerta y los planes de prevención. Los expertos advierten que estos fenómenos representan uno de los riesgos climáticos más importantes para la salud pública y que la preparación puede marcar la diferencia entre una molestia pasajera y una situación de emergencia.

Comprender cómo responde el cuerpo al calor extremo y actuar a tiempo permite proteger la salud propia y la de quienes nos rodean. En un escenario de temperaturas cada vez más elevadas, la prevención continúa siendo la herramienta más eficaz para enfrentar uno de los efectos más visibles del clima extremo.

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