El agua que amenaza al Canal de Panamá: El Niño vuelve a poner en jaque una ruta vital para el comercio mundial
El Canal de Panamá vuelve a enfrentarse a uno de sus mayores enemigos: la falta de agua.
La llegada y fortalecimiento del fenómeno de El Niño está provocando un descenso de las lluvias y de los niveles de los principales reservorios que permiten operar esta estratégica vía interoceánica. Ante el riesgo de que la situación empeore durante los próximos meses, la Autoridad del Canal de Panamá anunció que reducirá el número de buques que podrán atravesarlo diariamente a partir de septiembre de 2026.
La decisión revive los problemas que el canal sufrió durante la histórica sequía de 2023 y 2024 y vuelve a poner sobre la mesa una pregunta cada vez más importante: ¿qué ocurre cuando una de las principales arterias del comercio mundial depende de un recurso que el cambio climático puede volver cada vez más escaso?
Menos barcos para ahorrar agua
Actualmente, el Canal de Panamá permite alrededor de 36 tránsitos diarios. Pero a partir del 4 de septiembre la capacidad será limitada a 34 buques por día y desde el 15 de septiembre se reducirá nuevamente a 32.
La medida afecta tanto a las esclusas Neopanamax como a las Panamax. A mediados de septiembre, estas últimas pasarán de disponer de 25 espacios diarios a 23.
No se trata simplemente de una decisión destinada a reducir el tráfico por razones operativas. El problema fundamental es el agua.
A diferencia del Canal de Suez, que funciona principalmente con agua del mar, el Canal de Panamá utiliza agua dulce para llenar y vaciar sus esclusas. Cada vez que un barco atraviesa el sistema, millones de litros de agua terminan siendo liberados hacia el océano.
Por eso, cuando las lluvias disminuyen, la capacidad del canal también puede verse comprometida.
El Niño vuelve a cambiar las reglas
El fenómeno de El Niño altera los patrones climáticos en distintas regiones del planeta. En Panamá puede provocar períodos de precipitaciones inferiores a lo normal, algo especialmente preocupante para una infraestructura que depende directamente de las lluvias.
Entre mayo y agosto de 2026, las precipitaciones en la zona fueron aproximadamente un 34% inferiores al promedio histórico, mientras que los aportes de agua a la cuenca del canal estuvieron alrededor de un 44% por debajo de lo habitual.
Las autoridades temen que el episodio de El Niño pueda prolongarse durante buena parte del período 2026-2027.
Y esa posibilidad cambia completamente el escenario.
Si la sequía se mantiene durante meses, los niveles de los lagos Gatún y Alhajuela podrían continuar disminuyendo, obligando al canal a adoptar nuevas restricciones.
Un problema que ya tiene antecedentes
Panamá ya vivió las consecuencias de una situación similar.
Durante la sequía de 2023 y 2024, las autoridades tuvieron que reducir drásticamente el número de barcos que podían cruzar diariamente. En uno de los momentos más críticos, el número de tránsitos llegó a situarse en apenas 22 buques al día.
Los efectos fueron inmediatos.
Los barcos tuvieron que esperar durante largos períodos para conseguir un espacio de tránsito y algunas empresas llegaron a pagar millones de dólares adicionales para obtener prioridad.
En agosto de 2026, incluso antes de que entren en vigor las nuevas restricciones, algunos buques han pagado cantidades superiores al millón de dólares en subastas para conseguir espacios prioritarios. Reuters informó además de un caso en el que un barco habría pagado alrededor de US$4 millones para adelantar su paso.
Esto demuestra que el agua del Canal de Panamá no es solamente un asunto ambiental.
Es también un asunto económico.
Un impacto que puede llegar mucho más lejos
Por el Canal de Panamá circula una parte importante del comercio marítimo internacional. La vía conecta el océano Atlántico con el Pacífico y permite que los barcos eviten rodear América del Sur.
Cuando su capacidad disminuye, las empresas navieras tienen que buscar alternativas.
Una de ellas consiste en desviar los barcos alrededor del cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África. Pero esa ruta puede añadir miles de kilómetros y varios días al recorrido.
Ese incremento en tiempo y combustible termina repercutiendo en los costos del transporte.
Y cuando transportar mercancías cuesta más, existe el riesgo de que una parte de ese aumento termine llegando a los consumidores mediante precios más elevados.
El problema adquiere todavía mayor importancia porque el transporte marítimo mueve alrededor del 90% del comercio mundial de mercancías.
El desafío no es solamente El Niño
Aunque el fenómeno climático sea el detonante inmediato, la situación plantea un problema mucho más profundo.
El Canal de Panamá fue construido en una época en la que las condiciones climáticas parecían relativamente previsibles. Hoy, las autoridades deben gestionar una infraestructura centenaria en un escenario donde los períodos de sequía pueden ser más intensos o prolongados.
La experiencia de 2023 y 2024 sirvió como una advertencia.
Por eso, el canal ha adoptado medidas de ahorro de agua y estudia soluciones de largo plazo para garantizar el suministro. Entre las alternativas analizadas se encuentra la construcción de nuevos sistemas de almacenamiento, incluido el proyecto del río Indio, que busca proporcionar una fuente adicional de agua para las operaciones del canal y las necesidades de la población.
Pero estos proyectos también generan debates ambientales y sociales.
El agua también es para las personas
Existe otra dimensión que hace todavía más complejo el problema.
Los recursos hídricos de los que depende el Canal de Panamá también son importantes para el abastecimiento de agua de la población.
Eso significa que, en períodos de sequía, las autoridades deben encontrar un equilibrio entre mantener funcionando una infraestructura que genera enormes ingresos para el país y garantizar el acceso al agua para las comunidades.
La pregunta deja de ser únicamente cuántos barcos pueden atravesar el canal.
También se trata de decidir cómo utilizar un recurso limitado cuando las necesidades son múltiples.
Una advertencia para el futuro
La nueva reducción de tránsito representa mucho más que un inconveniente temporal para las compañías navieras.
Es una advertencia sobre la vulnerabilidad de las grandes infraestructuras frente a los fenómenos climáticos extremos.
Durante décadas, el Canal de Panamá fue considerado una de las obras de ingeniería más importantes del mundo. Pero ahora su funcionamiento depende cada vez más de algo que ninguna obra humana puede controlar: que llueva.
El episodio de El Niño de 2026 demuestra que incluso una infraestructura estratégica para el comercio mundial puede quedar limitada cuando la naturaleza cambia las condiciones para las que fue diseñada.
Y quizá esa sea la mayor lección.
El desafío del futuro no consistirá únicamente en construir canales más grandes, puertos más modernos o barcos capaces de transportar más mercancías. También será necesario garantizar que exista suficiente agua, energía y estabilidad climática para que todas esas infraestructuras puedan funcionar.
El Canal de Panamá vuelve a enseñarnos que, en el siglo XXI, el agua se ha convertido en un recurso estratégico tan importante como las rutas comerciales que atraviesa.

