“Prefiero dormir aquí que en la calle”: el refugio involuntario de centenares en el aeropuerto de Madrid
Madrid — Durante varios meses, decenas —y en su punto más crítico, hasta 500— de migrantes y personas sin hogar hallaron en el aeropuerto Adolfo Suárez Madrid‑Barajas un refugio temporario para pasar la noche. De madrugada, las terminales se convirtieron en improvisadas “zonas de vivienda”, donde dormir en el suelo era preferible a enfrentarse a una calle hostil o a la falta de alternativas habitacionales dignas.
Un refugio improvisado entre terminales
Desde inicios de 2025, las terminales del aeropuerto vieron cómo entre 300 y 400 personas por noche establecían un refugio precario. Durante los meses más duros —entre marzo y abril— el censo realizado por la Mesa de la Hospitalidad junto a Cáritas identificó alrededor de 421 personas durmiendo dentro del recinto, muchas por más de seis meses.
Un 38 % de las personas encuestadas reportó que trabajaba; más de la mitad estaban empadronadas en Madrid. La mayoría eran hombres (78 %), con perfiles migrantes (74 %) y con vínculos formales o informales con la ciudad (~52 %).
Vulnerables buscando seguridad
La elección de dormir en el aeropuerto respondía a la falta de opciones reales: muchas personas habían sido excluidas de los refugios por carecer de empadronamiento, documentación o vínculos con el sistema social. En palabras de algunos: "Prefiero dormir aquí que en la calle".
Los voluntarios registraron rostros de quienes enfrentan desde problemas de salud mental hasta precariedad laboral severa, todos en búsqueda de un espacio —aunque sea informal— que ofreciera un mínimo de protección frente a la calle.
Crisis y falta de coordinación institucional
La presencia prolongada de estas personas dentro del aeropuerto exacerbó tensiones operativas y de seguridad. Aena declaró que los aeropuertos no son infraestructuras habitables, y que ese espacio no puede sustituir un refugio formal. Sin embargo, el Ayuntamiento de Madrid criticó la medida como cruel e inhumana, denunciando la ausencia de una política coordinada entre autoridades.
La falta de acuerdos claros entre Ayuntamiento, Comunidad de Madrid, Ministerio de Migraciones y Aena convirtió este problema en una crisis de rendición de cuentas, donde cada entidad señalaba a la otra como responsable.
El final de un refugio: nuevas restricciones y centro alternativo
El 24 de julio, Aena prohibió pernoctar en el aeropuerto, implementando controles de acceso nocturno en las terminales. La medida se coordinó con la apertura de un centro de emergencia en La Latina, gestionado por SAMUR Social con 150 plazas, disponible hasta el próximo 20 de octubre para personas empadronadas o vinculadas a servicios sociales municipales.
Aunque el nuevo centro ofrece alojamiento, comida y atención social, su capacidad apenas cubre una fracción del total de personas que llegaron a dormir en Barajas, lo que plantea interrogantes sobre el destino del resto una vez cierre esta opción temporal.
Conclusión: un reflejo de desigualdad urbana
El fenómeno del aeropuerto como refugio desvela una realidad alarmante: el sinhogarismo estructural que empuja a las personas vulnerables a improvisar vivienda en espacios tan hostiles como aeropuertos, mientras las instituciones públicas permanecen descoordinadas. Más allá de la emergencia, este caso plantea la urgencia de políticas integrales de vivienda e inclusión social que reconozcan a quienes viven entre paréntesis administrativos y relegios sistémicos.


