“Elegir entre conectarse o comer: el nuevo dilema de miles de cubanos ante el alza del internet”
En una Cuba ya golpeada por la escasez, la inflación y los apagones, el reciente aumento de las tarifas de internet ha provocado una ola de malestar social que resuena dentro y fuera de la isla. Para muchos, el acceso a datos móviles era una ventana al mundo, a la familia emigrada, a la información sin filtros. Hoy, esa ventana parece cerrarse para miles.
“Ya no puedes comprar un paquete de datos porque te quedas sin comer”, se queja un joven habanero en redes sociales, reflejando una realidad que se multiplica en los barrios y provincias del país.
El aumento de precios en cifras
A inicios del año, la empresa estatal de telecomunicaciones ETECSA anunció nuevas tarifas para los paquetes de datos móviles. Los cambios más destacados:
El paquete de 1 GB pasó de 125 CUP a 250 CUP, el doble.
Los paquetes más grandes, como el de 4 GB, superan ya los 800 CUP.
Los salarios promedio en la isla rondan los 4.000 CUP mensuales, lo que convierte el internet en un lujo inalcanzable para muchas familias.
Esto significa que el costo de una simple recarga puede equivaler al 15-20% del ingreso mensual de un trabajador.
Reacción ciudadana: una nueva ola de críticas
Las redes sociales, que en los últimos años han servido como canal de expresión y denuncia, ahora también son escenario de la indignación. Bajo hashtags como #InternetParaTodos y #ETECSAAbusadora, los cubanos están exponiendo la disyuntiva diaria:
Comer o conectarse.
Enviar un mensaje al exterior o comprar un cartón de huevos.
Informarse o pagar la electricidad.
La brecha digital se ensancha aún más entre quienes reciben remesas del exterior (que pueden pagar las tarifas en dólares) y quienes dependen del peso cubano.
Una conexión que también es política
El acceso a internet en Cuba no es solo un tema económico, sino también una herramienta política y social. Desde las protestas del 11 de julio de 2021, el gobierno ha controlado cada vez más el tráfico en línea, limitando el acceso en momentos de crisis y supervisando activamente la actividad en redes.
El nuevo aumento de precios, según activistas y observadores internacionales, no solo responde a la necesidad económica del Estado, sino también a una estrategia para reducir la organización ciudadana digital.
Consecuencias invisibles (pero graves)
Estudiantes y profesores con menos acceso a plataformas educativas.
Pequeños emprendedores que dependen de WhatsApp, Facebook o Telegram para vender sus productos.
Familias separadas que ahora ven más difícil comunicarse con sus seres queridos en el exterior.
Un pueblo más desconectado del mundo, sin acceso a información independiente.
Conclusión
En un país donde todo cuesta y casi nada alcanza, el internet se ha vuelto un lujo que no todos pueden pagar. El aumento de tarifas ha puesto sobre la mesa un nuevo dilema ético, económico y social: ¿Debe la conectividad ser un derecho o seguir siendo un privilegio?
Mientras tanto, en las calles de Cuba, la frase “no puedes comprar un paquete de datos porque ya te quedas sin comer” ya no es una exageración retórica. Es la vida cotidiana de muchos.

