“El ‘pollo clorado’ divide al mundo: ¿por qué Europa lo prohíbe y América Latina lo consume?
Mientras la Unión Europea mantiene una prohibición estricta sobre el pollo estadounidense desde 1997, varios países de América Latina se han convertido en importantes compradores de esta proteína. La divergencia se centra en los métodos de procesamiento y las normativas sanitarias que cada región considera aceptables.
¿Por qué Europa rechaza el pollo de EE.UU.?
La principal razón del veto europeo es el uso de tratamientos químicos post-sacrificio, especialmente el lavado con soluciones a base de cloro para desinfectar la carne. Aunque esta práctica es común y permitida en Estados Unidos, la Unión Europea la prohíbe desde 1997, argumentando que puede ocultar deficiencias en las prácticas de higiene durante la cría y el procesamiento de las aves .
Además, la UE prioriza un enfoque preventivo en la seguridad alimentaria, enfocándose en mantener altos estándares de higiene y salud animal desde la etapa de cría hasta el procesamiento final. Este enfoque contrasta con el modelo estadounidense, que se centra más en la desinfección posterior al sacrificio .
América Latina: un mercado en crecimiento para el pollo estadounidense
A pesar del rechazo europeo, América Latina ha incrementado significativamente sus importaciones de pollo de EE.UU. México lidera como el principal comprador, con importaciones valoradas en aproximadamente 1.500 millones de dólares anuales. Le siguen países como Cuba, que adquiere alrededor de 262 millones de dólares en pollo estadounidense, representando el 80% de sus importaciones agrícolas desde EE.UU. Otros países importadores incluyen Guatemala, República Dominicana, Colombia, Perú, Chile, Panamá, Honduras y El Salvador .
La preferencia por el pollo estadounidense en estos países se debe a su precio competitivo y a la capacidad de satisfacer la creciente demanda de proteínas. Además, las regulaciones sanitarias en muchos países latinoamericanos son menos estrictas que las europeas, lo que facilita la importación de productos procesados bajo los estándares estadounidenses.
Conclusión
La diferencia en las políticas de importación de pollo entre Europa y América Latina refleja enfoques divergentes hacia la seguridad alimentaria y las prácticas agrícolas. Mientras la UE mantiene restricciones basadas en principios preventivos y de bienestar animal, varios países latinoamericanos priorizan el acceso a proteínas asequibles para satisfacer las necesidades de su población.
Este contraste destaca la complejidad del comercio internacional de alimentos y la necesidad de equilibrar consideraciones sanitarias, económicas y culturales en las políticas de importación.

