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NoticiasAmerica Latina

August 31, 2026

Cuba tiene tierra para alimentar a su población, pero cada vez produce menos comida

A primera vista, parece una contradicción difícil de explicar.

Cuba cuenta con tierras fértiles, un clima tropical, abundante costa y una población de alrededor de 10 millones de habitantes. Sin embargo, el país importa aproximadamente el 80% de los alimentos que consume y destina unos US$2.400 millones al año a comprarlos en el exterior, según datos citados por el Programa Mundial de Alimentos.

La paradoja es todavía más evidente cuando se observa la evolución de la producción agrícola. Entre 2018 y 2023, la producción cubana de carne de cerdo cayó 95%, la de arroz 87%, la de frijoles 70% y la de leche 58%, de acuerdo con estadísticas oficiales recopiladas por Naciones Unidas.

¿Por qué una isla que podría producir una parte importante de lo que necesita ha terminado dependiendo tanto de las importaciones?

La respuesta no está en una sola causa. Es el resultado de décadas de problemas estructurales, falta de inversión, escasez de combustible y fertilizantes, controles estatales, dificultades financieras, fenómenos climáticos y, más recientemente, un endurecimiento de las sanciones estadounidenses.

Una agricultura atrapada entre controles y escasez

Uno de los principales problemas está en la manera en que funciona el sector agrícola.

Durante décadas, el Estado cubano ha mantenido un fuerte control sobre la producción y comercialización de alimentos. Los agricultores deben entregar parte de sus cosechas al sistema estatal de acopio, mientras que los precios y las condiciones de comercialización están fuertemente regulados.

Economistas consultados por BBC Mundo señalan que este modelo ha reducido los incentivos para producir. Si un agricultor recibe un precio que no cubre sus costos, tiene pocos motivos para aumentar su producción, especialmente cuando además debe enfrentar inflación, falta de insumos y dificultades para transportar sus productos.

El resultado es un círculo difícil de romper: el campo produce poco, el Estado necesita importar más alimentos y la falta de divisas limita la capacidad de comprar tanto alimentos como los insumos necesarios para producirlos.

Un campo sin combustible, fertilizantes ni maquinaria

Incluso si los agricultores tuvieran mayores incentivos económicos, existe otro obstáculo fundamental: producir alimentos requiere recursos que hoy escasean en Cuba.

El Ministerio de Agricultura reconoció en 2024 que el sector recibía apenas alrededor del 10% del combustible que necesitaba. Solo una pequeña parte de la superficie agrícola contaba con sistemas de riego.

La maquinaria también es un problema. Tractores envejecidos, falta de piezas de repuesto, dificultades para conseguir combustible y escasez de fertilizantes y pesticidas reducen la productividad.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos ha señalado que la incapacidad de Cuba para generar suficientes ingresos mediante sus exportaciones dificulta la compra de arroz, maíz y trigo, pero también de fertilizantes, herbicidas y maquinaria agrícola.

Es decir, Cuba no solo tiene problemas para importar comida.

También tiene problemas para importar lo que necesita para producir comida.

El peso de la crisis económica

La agricultura no funciona de manera aislada del resto de la economía.

Cuba atraviesa una prolongada crisis caracterizada por inflación, falta de divisas, escasez de combustible y una fuerte contracción económica. El Programa Mundial de Alimentos señala que la economía cubana se ha contraído aproximadamente 15% en los últimos seis años.

Cuando faltan dólares y otras monedas fuertes, comprar alimentos en el exterior se vuelve mucho más difícil.

Y cuando tampoco hay recursos para comprar semillas, fertilizantes, maquinaria o combustible, la producción nacional disminuye todavía más.

Es un círculo vicioso: menos producción significa más importaciones; más importaciones requieren más divisas; y la falta de divisas impide invertir en una agricultura capaz de producir más.

El azúcar y una herencia difícil

El problema también tiene raíces históricas.

Durante buena parte de su historia económica, Cuba concentró enormes recursos en la producción de azúcar. La isla producía azúcar para exportar y utilizaba parte de los ingresos obtenidos para comprar en el exterior alimentos que no producía en cantidades suficientes.

Ese modelo podía funcionar mientras el azúcar generara suficientes ingresos y el comercio exterior fuera estable.

Pero creó una dependencia de la economía internacional que se hizo especialmente problemática cuando las condiciones cambiaron.

La producción de azúcar cubana se ha desplomado y el país ya no cuenta con la misma capacidad exportadora para financiar sus necesidades de importación.

El embargo estadounidense también forma parte de la ecuación

Sería imposible explicar la situación alimentaria cubana sin mencionar las sanciones y el embargo de Estados Unidos.

Washington mantiene restricciones que dificultan determinadas transacciones financieras y comerciales con Cuba. Aunque Estados Unidos permite exportaciones agrícolas a la isla bajo determinadas condiciones, las restricciones financieras y la ausencia de crédito normal complican las operaciones.

El gobierno cubano sostiene que las sanciones son una de las principales causas de la escasez.

Estados Unidos, por su parte, argumenta que los problemas fundamentales son consecuencia de las políticas económicas y de la gestión del gobierno cubano.

La realidad es más compleja.

Las sanciones tienen consecuencias sobre el acceso de Cuba a financiamiento, combustible, tecnología e insumos. Pero expertos citados por BBC Mundo también señalan que la estructura del sistema económico cubano y décadas de falta de inversión han desempeñado un papel fundamental.

Por eso, atribuir toda la crisis alimentaria a un único factor deja fuera una parte importante de la historia.

Cuando los apagones también afectan la comida

La crisis energética ha añadido otra dificultad.

Los apagones no solo significan hogares sin electricidad. También afectan los sistemas de bombeo de agua, el riego, el transporte, la refrigeración y la conservación de los alimentos.

En agosto de 2026, Cuba continuaba sufriendo graves problemas de suministro eléctrico y combustible. Reuters describió una situación en la que las interrupciones de electricidad y la escasez de recursos afectan incluso la conservación de alimentos y medicamentos.

Para un agricultor, un corte de electricidad puede significar que una bomba de agua deje de funcionar.

Para un distribuidor, puede significar perder productos que necesitan refrigeración.

Y para una familia, puede significar que un alimento comprado con gran esfuerzo termine echándose a perder.

El clima también juega su papel

A los problemas económicos se suman los fenómenos naturales.

Cuba está expuesta a huracanes, sequías, lluvias intensas y otros eventos meteorológicos que pueden destruir cosechas y dañar infraestructuras.

El USDA señala que una sucesión de tormentas tropicales y condiciones climáticas adversas ha añadido presión sobre los agricultores cubanos.

Pero el clima puede ser especialmente devastador cuando un país carece de recursos para recuperarse.

Una economía con sistemas de riego modernos, maquinaria disponible, seguros agrícolas y acceso rápido a fertilizantes puede recuperarse con mayor facilidad.

En una economía donde faltan combustible, piezas de repuesto y dinero para importar insumos, una mala cosecha puede convertirse en una crisis mucho mayor.

La consecuencia: una dieta cada vez más limitada

Todo termina repercutiendo en la mesa.

El Programa Mundial de Alimentos advierte que la dieta de muchas familias cubanas enfrenta problemas de disponibilidad, variedad y calidad nutricional. La canasta mensual subsidiada por el Estado depende en gran medida de productos importados y ha sufrido faltantes y retrasos.

Productos que alguna vez estuvieron disponibles de manera relativamente regular se han convertido en bienes difíciles de encontrar o demasiado caros para muchas familias.

La situación también ha generado una creciente diferencia entre quienes tienen acceso a dólares, reciben remesas del extranjero o pueden comprar en determinados mercados y quienes dependen principalmente de sus ingresos en pesos y de la distribución estatal.

¿Puede Cuba volver a producir lo que necesita?

La respuesta no es sencilla, pero el potencial existe.

El país posee tierra agrícola, experiencia campesina, condiciones climáticas favorables para diversos cultivos y una población que necesita alimentos producidos localmente.

El problema es convertir ese potencial en producción efectiva.

Para ello harían falta inversiones, combustible, maquinaria, sistemas de riego, fertilizantes, semillas, transporte y mejores mecanismos de comercialización. También sería necesario crear mayores incentivos para que los agricultores puedan beneficiarse de aumentar su producción.

Y todo eso requiere recursos que actualmente escasean.

Una crisis que va mucho más allá de la comida

La dependencia alimentaria de Cuba es, en realidad, el reflejo de una crisis económica mucho más profunda.

Cuando un país no puede producir suficiente arroz, frijoles, leche o carne, el problema no está únicamente en el campo. También está en las instituciones, en la economía, en la infraestructura, en la energía y en la capacidad de generar ingresos para importar lo que no puede producir.

Cuba tiene una paradoja particularmente dolorosa: un país con condiciones naturales para alimentar a buena parte de su población ha terminado dependiendo del exterior precisamente cuando menos capacidad tiene para pagar esas importaciones.

Mientras la producción nacional siga cayendo y la economía continúe enfrentando escasez de divisas, combustible e insumos, llenar los mercados cubanos será cada vez más difícil.

Y detrás de todas esas cifras hay una realidad mucho más concreta: millones de personas que no están preocupadas por teorías económicas ni por disputas geopolíticas, sino por una pregunta mucho más sencilla y urgente:

¿Qué habrá mañana para poner sobre la mesa?

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