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NoticiasAmerica Latina

September 16, 2026

El petróleo venezolano que las grandes petroleras de EE.UU. todavía miran con cautela

El presidente Donald Trump lo presentó como “el mayor acuerdo petrolero de la historia”: un ambicioso proyecto para desarrollar 17 campos petroleros venezolanos con reservas probadas estimadas en más de 65.000 millones de barriles y atraer inversiones que podrían superar los US$100.000 millones.

Sin embargo, hay un detalle que llama especialmente la atención: las grandes petroleras estadounidenses no están al frente de este proyecto.

La única gran compañía estadounidense que mantiene actualmente una operación petrolera importante en Venezuela es Chevron. ExxonMobil y ConocoPhillips, dos gigantes con amplia experiencia en el país, permanecen fuera del acuerdo anunciado por Washington y Caracas.

¿Por qué compañías con enormes recursos financieros y experiencia técnica no se han lanzado inmediatamente sobre una de las mayores reservas de petróleo del planeta?

La respuesta tiene que ver con una combinación de historia, riesgos legales, incertidumbre política y las enormes dificultades que presenta la industria petrolera venezolana.

Un acuerdo gigantesco, pero con una estructura poco convencional

La Casa Blanca afirma que el acuerdo permitirá a Estados Unidos obtener control mayoritario sobre más de 65.000 millones de barriles de reservas probadas venezolanas.

El proyecto contempla el desarrollo de 17 campos durante un periodo de hasta 100 años y otorga un papel central a North America Blue Energy Partners, una compañía privada dirigida por el empresario venezolano Alejandro Betancourt.

Según la Casa Blanca, el gobierno estadounidense tendrá derechos de gobernanza y participación económica en la nueva estructura, además de acceso preferencial a parte de la producción.

Pero el acuerdo todavía deja muchas preguntas abiertas sobre quién financiará las enormes inversiones necesarias, cómo se distribuirán exactamente los beneficios y qué papel tendrán otras compañías petroleras internacionales. Associated Press señaló que varios detalles económicos y operativos seguían sin estar completamente claros cuando se anunció el proyecto.

Chevron sí quiere aumentar su presencia

La ausencia de las grandes petroleras estadounidenses no significa que ninguna compañía de Estados Unidos quiera invertir en Venezuela.

Chevron es la principal excepción.

La empresa anunció recientemente un acuerdo separado con Venezuela que contempla más de US$7.000 millones de inversión durante los próximos cinco años, con el objetivo de elevar su producción hasta unos 600.000 barriles diarios.

Es importante destacar que esta negociación se desarrolló de manera independiente al gran acuerdo anunciado por la administración Trump.

Chevron, por tanto, no está entrando desde cero. La compañía lleva años operando en Venezuela a través de empresas conjuntas y cuenta con infraestructura, experiencia y relaciones comerciales ya establecidas.

Para otras petroleras estadounidenses, el escenario es mucho menos sencillo.

ExxonMobil y ConocoPhillips ya conocen el riesgo

ExxonMobil y ConocoPhillips tienen una relación complicada con Venezuela que se remonta a la ola de nacionalizaciones impulsada por el gobierno de Hugo Chávez.

En 2007, ambas compañías abandonaron importantes proyectos después de que Caracas modificara las condiciones de participación en los grandes proyectos de la Faja del Orinoco.

Las empresas recurrieron posteriormente a mecanismos internacionales de arbitraje para reclamar compensaciones por sus activos expropiados.

En el caso de ConocoPhillips, un tribunal internacional determinó que Venezuela debía pagar unos US$8.700 millones. ExxonMobil obtuvo también una indemnización cercana a los US$984,5 millones.

Para estas empresas, por tanto, regresar a Venezuela no sería simplemente una decisión sobre cuánto petróleo existe bajo tierra.

También implicaría evaluar qué garantías existen para que una nueva inversión no vuelva a quedar expuesta a cambios políticos o regulatorios.

“Inviable para la inversión”

El presidente ejecutivo de ExxonMobil, Darren Woods, expresó a comienzos de 2026 una posición que ayuda a entender la cautela de la compañía.

Woods reconoció el enorme potencial petrolero de Venezuela, pero señaló que las condiciones jurídicas y comerciales existentes en el país no eran suficientes para justificar una inversión y que serían necesarios cambios importantes en el marco legal, regulatorio y de hidrocarburos.

También destacó la necesidad de garantías permanentes para las inversiones.

La postura resulta significativa porque ExxonMobil posee precisamente la capacidad financiera y tecnológica necesaria para participar en proyectos petroleros de enorme escala.

Su ausencia no puede explicarse simplemente por falta de recursos.

El petróleo venezolano tiene un problema: es difícil de producir

Otra razón está relacionada con las características del crudo venezolano.

Una parte importante de las reservas del país corresponde a petróleo pesado y extrapesado, particularmente en la Faja del Orinoco.

Extraerlo, transportarlo y procesarlo requiere infraestructura especializada y grandes cantidades de capital.

Además, décadas de deterioro de la industria petrolera venezolana dejaron una infraestructura que necesita importantes inversiones para recuperar niveles elevados de producción.

Analistas consultados por medios internacionales han advertido que incluso si se consiguen inversiones multimillonarias, aumentar significativamente la producción no será inmediato.

Eso significa que las enormes cifras de reservas no deben confundirse con millones de barriles que puedan comenzar a llegar inmediatamente al mercado.

El factor político sigue pesando

Las petroleras también tienen que considerar cuánto puede durar el actual marco político.

El acuerdo se produce en un momento extraordinario para Venezuela y después de cambios profundos en la relación entre Washington y Caracas.

Para una compañía que planea invertir miles de millones de dólares durante décadas, no basta con saber cuáles son las reglas actuales.

Necesita saber qué ocurrirá si cambia nuevamente el gobierno, si se modifican las leyes, si aparecen nuevas sanciones o si cambia la relación entre Estados Unidos y Venezuela.

Ese riesgo puede ser especialmente importante para compañías como ExxonMobil y ConocoPhillips, que ya experimentaron directamente las consecuencias de cambios políticos y nacionalizaciones en el país.

¿Por qué participar si existen otras opciones?

Una empresa petrolera estadounidense no tiene que invertir necesariamente en Venezuela para aumentar su producción.

Puede destinar miles de millones de dólares a proyectos en Estados Unidos, Guyana, Brasil, el Golfo de México u otras regiones productoras.

Por eso, la pregunta empresarial no es únicamente cuánto petróleo tiene Venezuela.

La pregunta es si el rendimiento potencial de esa inversión compensa los riesgos adicionales.

El economista David Oxley, de Capital Economics, señaló que, aunque el acuerdo podría aumentar significativamente las reservas controladas por intereses estadounidenses, existen importantes obstáculos logísticos y dudas sobre el valor real y la facilidad de explotación de algunas reservas.

NABEP ocupa el espacio que las grandes petroleras todavía no quieren ocupar

La elección de North America Blue Energy Partners resulta especialmente interesante.

La empresa ya opera en Venezuela y, según información citada por Associated Press, produce alrededor de 200.000 barriles diarios, lo que la convierte en uno de los principales operadores privados del país.

Su experiencia local puede darle una ventaja frente a compañías que tendrían que reconstruir desde cero relaciones, infraestructura y conocimiento operativo.

El Washington Post también informó que el empresario Alejandro Betancourt recibió directamente una propuesta para que su compañía asumiera un nuevo papel como socio del gobierno estadounidense.

Un acuerdo que todavía debe demostrar su viabilidad

El anuncio de Trump es enorme en términos de reservas y de las inversiones proyectadas, pero transformar esas cifras en producción real será un proceso mucho más complicado.

Venezuela necesita recuperar instalaciones, aumentar la capacidad de extracción, mejorar oleoductos, modernizar refinerías y atraer capital y tecnología.

Y para que las grandes petroleras estadounidenses regresen de manera masiva, probablemente necesitarán algo más que una invitación de Washington.

Necesitarán certeza jurídica, estabilidad regulatoria, seguridad para sus activos y mecanismos claros para recuperar sus inversiones.

La paradoja del “mayor acuerdo petrolero”

La situación deja una paradoja interesante.

Venezuela posee algunas de las mayores reservas de petróleo del mundo y el gobierno de Trump ha anunciado un proyecto que pretende movilizar decenas de miles de millones de dólares.

Pero las compañías estadounidenses con mayor experiencia internacional en proyectos petroleros todavía están actuando con cautela.

Chevron ha decidido ampliar sus operaciones, mientras ExxonMobil y ConocoPhillips permanecen fuera del acuerdo principal y evalúan las condiciones del país.

Eso no significa necesariamente que nunca regresarán.

Significa que, para estas empresas, tener acceso a enormes reservas no es suficiente.

El verdadero desafío será convencer a los inversionistas de que Venezuela puede ofrecer algo que durante décadas ha sido difícil de garantizar: estabilidad y seguridad para inversiones petroleras de largo plazo.

Y esa será probablemente la verdadera prueba del llamado “mayor acuerdo petrolero de la historia”.

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