“La guerra sin balas: cómo Kim Jong-un avanza en la sombra contra Corea del Sur”
Aunque no hay explosiones ni titulares de combates, la tensión entre Corea del Norte y Corea del Sur nunca se ha desvanecido del todo. Hoy, esa rivalidad ha evolucionado en una guerra silenciosa: sin misiles cruzando el paralelo 38, pero con tácticas de presión, propaganda, ciberataques y movimientos estratégicos que están dando ventaja a Pyongyang.
Detrás de las apariencias, Kim Jong-un podría estar ganando esta guerra en las sombras.
1. Una estrategia de provocación calculada
Kim Jong-un ha perfeccionado el arte de la provocación sin consecuencias. Desde lanzar globos con basura y panfletos hacia el sur hasta realizar pruebas de misiles cerca de aguas disputadas, cada movimiento es medido para generar miedo e incertidumbre, sin desencadenar un conflicto abierto.
Mientras tanto, el gobierno surcoreano, más contenido y expuesto a la opinión pública y alianzas internacionales, responde con mesura, lo que Pyongyang interpreta como debilidad o falta de determinación.
2. La guerra cibernética
Otro frente silencioso en el que Corea del Norte ha tomado la delantera es el ciberespionaje y la ciberdelincuencia. Hackers norcoreanos —financiados y protegidos por el régimen— han estado implicados en robos millonarios de criptomonedas, ataques a infraestructuras críticas y espionaje industrial.
Corea del Sur, con una economía mucho más digitalizada, es altamente vulnerable a estos ataques. Y aunque posee defensas tecnológicas avanzadas, se ve obligada a jugar a la defensiva en un terreno donde el atacante tiene la ventaja del anonimato.
3. Propaganda y guerra psicológica
Pyongyang ha retomado una ofensiva de propaganda agresiva usando altavoces, transmisiones radiales y panfletos contra Seúl. Pero también emplea otro tipo de mensajes: dirigidos a los desertores, a los opositores al gobierno surcoreano y al mundo, para intentar socavar la moral, dividir a la opinión pública y generar caos interno.
Kim, además, muestra una imagen de fuerza e independencia, mientras explota cualquier división política en el sur o entre EE.UU. y sus aliados.
4. El aislamiento como ventaja
Mientras Corea del Sur debe negociar, mantener alianzas y rendir cuentas democráticamente, Kim Jong-un opera con total libertad en un régimen cerrado, donde no hay oposición ni prensa crítica.
Este aislamiento, lejos de ser una desventaja en este tipo de “guerra”, le permite actuar sin restricciones, controlar completamente el relato interno y concentrar recursos en inteligencia, misiles y defensa.
¿Está ganando Kim?
En términos militares convencionales, Corea del Norte no podría sostener una guerra abierta contra Corea del Sur y sus aliados. Pero en esta guerra silenciosa —de desgaste, manipulación y resistencia—, Pyongyang está logrando avanzar su agenda:
Ha ganado visibilidad internacional.
Ha conseguido concesiones diplomáticas.
Ha sobrevivido a sanciones extremas sin colapsar.
Ha generado miedo, confusión y presión sobre Seúl.
Conclusión
La guerra entre las dos Coreas ya no se libra solo con armas, sino con información, tecnología y narrativas. En este nuevo terreno, Kim Jong-un está demostrando ser un estratega implacable. Corea del Sur, apegada a las reglas del juego democrático y a sus alianzas internacionales, tendrá que adaptarse si no quiere seguir cediendo terreno en esta guerra que no se ve, pero se siente.

