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July 15, 2025

Trump amenaza con aranceles, pero Moscú no se inmuta: por qué Rusia ve con alivio la nueva ofensiva comercial de EE. UU.

Moscú / Washington — Mientras el expresidente y actual candidato Donald Trump redobla su retórica arancelaria contra potencias extranjeras, incluida Rusia, desde el Kremlin la reacción ha sido sorprendentemente tranquila. Según el corresponsal de la BBC en Moscú, Steve Rosenberg, funcionarios rusos no muestran preocupación real, e incluso ciertos sectores interpretan los nuevos anuncios como un alivio estratégico.

“Rusia está más aliviada que preocupada por la amenaza arancelaria de Trump”, señala Rosenberg desde la capital rusa. Pero ¿por qué Moscú ve con indiferencia (o incluso con beneficio) una medida que en teoría debería golpear su economía?

Aislamiento económico como normalidad
Desde la anexión de Crimea en 2014 y, más recientemente, la invasión a Ucrania en 2022, Rusia ha aprendido a operar bajo sanciones internacionales severas. Su economía se ha reorientado hacia la autosuficiencia relativa y nuevos socios, como China, India, Irán y países africanos.

“El comercio con EE. UU. ya está prácticamente congelado. Imponer nuevos aranceles tiene más peso político que real”, explican expertos económicos del Instituto Carnegie Rusia-Eurasia.

Una narrativa útil para el Kremlin
Las amenazas de Trump, como los aranceles del 60 % a productos estratégicos rusos (metales, fertilizantes, energéticos), alimentan el discurso interno del Kremlin: Occidente está en guerra económica contra Rusia. Esta narrativa ayuda a justificar políticas internas más restrictivas y a reforzar el nacionalismo.

“El mensaje que llega a la población rusa es claro: estamos resistiendo al acoso occidental y seguimos en pie”, indica Rosenberg.

Beneficio geopolítico indirecto
La ofensiva comercial de Trump está dirigida no solo a Rusia, sino también a China, la Unión Europea, México y Brasil. Esto podría provocar una fragmentación del comercio global que, irónicamente, beneficia a Moscú, al debilitar el frente económico común occidental.

Además, el Kremlin confía en que un eventual regreso de Trump a la presidencia podría reducir las tensiones militares con EE. UU., aunque mantenga la hostilidad económica como parte de su narrativa electoral.

¿Y el impacto económico real? Mínimo
En 2023, el comercio bilateral entre Rusia y EE. UU. fue uno de los más bajos en décadas. Gran parte de las exportaciones rusas a Occidente ya han sido bloqueadas por sanciones de la UE y el G7, por lo que los aranceles anunciados por Trump no representan un cambio significativo en el flujo de divisas o productos.

La mirada rusa hacia 2025: incertidumbre, no miedo
A pesar del tono triunfalista, Moscú también sabe que un EE. UU. más proteccionista y aislado puede ser impredecible. Trump podría endurecer aún más el cerco financiero global o presionar a terceros países que comercian con Rusia. Sin embargo, por ahora, el balance parece inclinarse a la calma.

Conclusión: más política que impacto
Las amenazas arancelarias de Trump contra Rusia funcionan más como estrategia electoral doméstica que como medida geoeconómica efectiva. Desde Moscú, la reacción no es de alarma, sino de adaptación. La frase de un funcionario ruso lo resume todo:

“Estamos acostumbrados. Y esta vez, no somos el objetivo principal”.

Para el Kremlin, que ha hecho del aislamiento una bandera de resistencia, este nuevo capítulo solo confirma lo que ya consideran una constante: el conflicto con Occidente no se mide solo en bombas, sino también en tarifas.

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