Turismo de nacimiento en EE.UU.: qué tan frecuente es realmente y por qué Trump quiere frenarlo
Durante años, el llamado “turismo de nacimiento” ha ocupado un lugar polémico dentro del debate migratorio de Estados Unidos. El término describe la práctica de personas que viajan al país, generalmente con una visa temporal, con la intención específica de dar a luz allí para que su hijo obtenga la ciudadanía estadounidense.
La práctica existe, pero una de las grandes discusiones actuales gira precisamente en torno a su verdadera dimensión. No hay una cifra oficial que permita saber con exactitud cuántos nacimientos corresponden al turismo de nacimiento, y las estimaciones disponibles son muy inferiores a algunas de las cifras que han utilizado políticos para describir el fenómeno.
¿Cuántos bebés nacen en EE.UU. por esta razón?
Las cifras dependen de cómo se defina y mida el fenómeno.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) registraron en 2024 alrededor de 9.600 nacimientos de madres que declararon una dirección oficial fuera de Estados Unidos y sus territorios. Sin embargo, ese dato no demuestra por sí solo que todas esas mujeres hayan viajado al país con la intención de obtener ciudadanía para sus hijos.
Una estimación más amplia, elaborada por el Center for Immigration Studies, sitúa el número potencial de nacimientos vinculados al turismo de nacimiento entre 20.000 y 26.000 al año. Esta cifra también es discutida y no constituye un conteo oficial.
Para ponerlo en perspectiva: Estados Unidos registra alrededor de 3,6 a 3,7 millones de nacimientos anuales. Incluso utilizando la estimación más elevada, el turismo de nacimiento representaría una fracción muy pequeña del total.
No todos los bebés de madres extranjeras son “turistas de nacimiento”
Esta distinción es fundamental.
Una mujer nacida en otro país puede vivir legalmente en Estados Unidos y tener allí a su hijo. También puede encontrarse temporalmente en el país por razones legítimas —como estudios, trabajo o una visita familiar— sin que el nacimiento haya sido el objetivo principal de su viaje.
Por eso, utilizar simplemente el lugar de nacimiento de la madre o su nacionalidad para calcular el turismo de nacimiento puede producir cifras exageradas.
El propio debate académico y político reconoce que no existe una base de datos federal que identifique de manera precisa a las mujeres que viajan específicamente para dar a luz y conseguir la ciudadanía para sus hijos.
¿Por qué es tan importante para Trump?
La cuestión adquirió una nueva dimensión durante la administración de Donald Trump, que ha convertido la ciudadanía por nacimiento en uno de los principales objetivos de su agenda migratoria.
En agosto de 2026, Trump emitió nuevas órdenes ejecutivas dirigidas, entre otros grupos, contra determinadas situaciones relacionadas con el llamado turismo de nacimiento. Las medidas llegan después de que la Corte Suprema rechazara su intento anterior de imponer una restricción mucho más amplia a la ciudadanía por nacimiento.
La administración sostiene que quienes utilizan visas temporales con el propósito específico de dar a luz en Estados Unidos están aprovechando el sistema migratorio.
Además, el Departamento de Estado ha intensificado las medidas contra quienes considera que utilizan indebidamente sus visas para este propósito. Según declaraciones recientes del secretario de Estado Marco Rubio, más de 600 visas fueron revocadas en un mes dentro de esta campaña.
¿La ciudadanía del bebé beneficia después a sus padres?
Este es otro de los argumentos centrales del debate.
Un niño que adquiere la ciudadanía estadounidense al nacer no convierte automáticamente a sus padres en ciudadanos ni les concede inmediatamente un permiso para permanecer en Estados Unidos.
Sin embargo, cuando ese hijo alcanza la edad requerida, puede eventualmente tener la posibilidad de solicitar beneficios migratorios para determinados familiares. Precisamente esa perspectiva futura es utilizada por quienes critican la ciudadanía por nacimiento como un mecanismo que podría favorecer la llamada “migración en cadena”.
Los defensores de la ciudadanía por nacimiento, en cambio, sostienen que utilizar casos relativamente poco frecuentes para cuestionar un principio constitucional mucho más amplio puede tener consecuencias que afectarían a millones de personas nacidas en Estados Unidos.
Un fenómeno real, pero mucho menor de lo que sugieren algunas cifras
La evidencia disponible permite llegar a una conclusión matizada: el turismo de nacimiento existe, pero su magnitud exacta es desconocida y las mejores estimaciones disponibles lo sitúan en una proporción pequeña de todos los nacimientos estadounidenses.
Un estudio publicado en 2026 por U.S. Migration Metrics calculó que el fenómeno representó menos del 0,3% de los nacimientos estadounidenses en cualquier año entre 2014 y 2024.
Eso no significa que el gobierno estadounidense considere irrelevante la práctica. Las autoridades pueden perseguir el fraude relacionado con visas o los negocios que organizan viajes específicamente destinados a dar a luz en el país.
Pero la dimensión estadística importa porque el debate actual no trata solamente sobre unas miles de mujeres que podrían viajar cada año para tener a sus hijos en Estados Unidos. También plantea una cuestión mucho más profunda: hasta dónde puede llegar el gobierno para limitar un derecho asociado durante más de un siglo con la ciudadanía por nacimiento.
El verdadero debate va mucho más allá del “turismo de nacimiento”
La controversia ha colocado bajo los reflectores una práctica que es real, pero difícil de cuantificar con precisión.
El desafío para Estados Unidos consiste en distinguir entre combatir el fraude migratorio y modificar las reglas que determinan quién es ciudadano desde el momento de su nacimiento.
Mientras Trump busca reducir las situaciones que considera abusivas, sus críticos advierten que el turismo de nacimiento, precisamente por representar una proporción pequeña del total de nacimientos, no debería utilizarse como argumento para transformar de manera radical el principio de ciudadanía por nacimiento.
En última instancia, la discusión no se limita a saber cuántas personas viajan a Estados Unidos para dar a luz. Se trata de decidir qué significado tendrá en el futuro haber nacido en suelo estadounidense y hasta dónde puede llegar el poder del gobierno para cambiar una de las reglas más antiguas y trascendentales de la vida jurídica del país.

