“¿Un territorio en disputa? Las rutas por las que Trump podría intentar controlar Groenlandia”
La idea de que Estados Unidos pueda hacerse con el control de Groenlandia —el enorme territorio autónomo del Reino de Dinamarca— parece sacada de una novela geopolítica. Pero no lo es.
Durante su presidencia y nuevamente en años recientes, Donald Trump dejó claro que considera a Groenlandia un activo estratégico por su ubicación militar, recursos minerales y potencial energético.
La pregunta es: ¿cómo podría, en la práctica, un presidente estadounidense intentar obtener control sobre un territorio que no está a la venta?
Aunque la posibilidad real es remota, existen varios caminos teóricos —algunos diplomáticos, otros económicos y unos más polémicos— que podrían plantearse en un escenario extremo de ambición geopolítica.
1. La vía histórica: compra territorial directa
No sería la primera vez.
Estados Unidos ha comprado territorios antes: Alaska, Luisiana, Florida…
Incluso intentó comprar Groenlandia en 1946 por 100 millones de dólares.
Trump resucitó esa propuesta en 2019, generando tensiones diplomáticas con Dinamarca, que respondió de manera tajante:
“Groenlandia no está a la venta.”
Pero en teoría, una compra sigue siendo un mecanismo posible si:
Dinamarca quisiera negociar (algo altamente improbable).
Groenlandia votara a favor (es un territorio autónomo con derecho a decidir).
Aun así, la idea es vista como políticamente imposible en Europa.
2. Expandir presencia militar: de “inquilino” a “indispensable”
Estados Unidos ya tiene una enorme base militar en Groenlandia: Thule Air Base, crucial para defensa antimisiles y vigilancia del Ártico.
Una estrategia podría ser:
Expandir la infraestructura militar bajo acuerdos bilaterales.
Convertirse en el principal garante de seguridad de Groenlandia.
Crear dependencia económica a través de inversiones militares y civiles.
Aunque esto no otorga control político, sí podría aumentar la influencia estadounidense sobre el territorio.
3. La vía económica: inversión masiva y control de recursos
Groenlandia posee minerales estratégicos:
tierras raras,
uranio,
zinc,
petróleo potencial,
acceso a rutas polares emergentes por deshielo.
Estados Unidos podría:
financiar megaproyectos de infraestructura,
reemplazar a China como principal inversionista,
otorgar créditos a gran escala,
adquirir concesiones mineras clave por décadas.
Esta estrategia podría convertir a EE.UU. en el actor dominante en el desarrollo económico de Groenlandia, lo que indirectamente le da poder.
4. Fomentar la independencia de Groenlandia
Groenlandia tiene un movimiento independentista creciente.
Si se independizara, dejaría de depender de Dinamarca y necesitaría apoyo financiero inmediato.
En este escenario, EE.UU. podría ofrecer:
reconocimiento diplomático,
ayuda económica,
pactos militares,
acuerdos de cooperación energética.
Una Groenlandia recién independizada y económicamente vulnerable podría aceptar una alianza asimétrica que dé a Washington enorme influencia.
5. Diplomacia agresiva: presión sobre Dinamarca
Trump ya ha criticado a Dinamarca públicamente, diciendo que EE.UU. “tiene demasiado gasto militar” protegiéndola como parte de la OTAN.
Podría:
presionar económicamente,
amenazar con retirar apoyo militar,
bloquear acuerdos comerciales,
incentivar a Groenlandia a expandir su autonomía.
Sin embargo, esto generaría un conflicto severo con Europa.
6. El escenario que nadie quiere: provocación o crisis inducida
Este es el escenario más polémico y menos probable, pero teóricamente discutido:
crear o aprovechar una crisis en Groenlandia (económica, energética o militar) para presentarse como la única potencia capaz de garantizar estabilidad.
Por ejemplo:
oferciendo ayuda de emergencia,
remplazando financiamiento danés,
coordinando una “misión internacional”.
Es decir, no control directo, pero sí control por dependencia.
¿Es realmente posible que EE.UU. controle Groenlandia?
En términos legales y diplomáticos: extremadamente improbable.
Dinamarca no quiere venderla.
Groenlandia, aunque desea mayor autonomía, no quiere perder su identidad ni caer bajo una nueva potencia colonial.
La Unión Europea y la OTAN se opondrían rotundamente.
Pero en términos de influencia, no de propiedad, Estados Unidos sí podría:
profundizar su presencia militar,
dominar sectores económicos clave,
ganar poder diplomático sobre la isla,
convertirse en su principal aliado estratégico.
Control formal, no.
Control práctico, tal vez.
Conclusión: más que comprar un territorio, se trata de ganar influencia
La idea de que Trump “adquiera” Groenlandia es, en esencia, simbólica.
Pero el interés estadounidense por el Ártico es real, creciente y estratégico.
Y aunque no exista una vía realista para que Estados Unidos tome posesión del territorio, sí existen caminos de influencia que podrían aumentar su poder en la región:
inversiones,
presencia militar,
apoyo a una futura independencia,
control de recursos críticos.
En un mundo donde la competencia por minerales, rutas polares y poder geoestratégico es cada vez más intensa, Groenlandia se ha convertido en una pieza clave del tablero mundial.


