Una nueva amenaza sobre el Himalaya: el lago que podría desatar otra inundación
Cuando las aguas de la primera catástrofe todavía no habían terminado de bajar, apareció una nueva amenaza en la frontera entre Nepal y Tíbet: un lago formado de manera repentina por enormes cantidades de hielo, roca y sedimentos que bloquearon el curso de un río.
El fenómeno ha obligado a las autoridades de Nepal y China a mantener la alerta máxima. El temor es que la barrera natural que contiene el agua no soporte la presión y termine rompiéndose, liberando de golpe millones de metros cúbicos de agua hacia las zonas situadas río abajo.
La preocupación llega pocos días después de la devastadora inundación del 26 de agosto, cuando un colapso glaciar y una avalancha de hielo y roca desencadenaron una enorme crecida que arrasó comunidades e infraestructuras a ambos lados de la frontera.
¿Cómo apareció el nuevo lago?
El lago no estaba allí antes de la tragedia.
Se formó cuando una gigantesca cantidad de hielo, rocas y sedimentos cayó desde las montañas y bloqueó temporalmente el río Lhende Khola. El material actuó como una especie de presa natural, impidiendo que el agua siguiera su curso normal.
Con el río obstruido, el agua comenzó a acumularse detrás de esa barrera y dio origen a un nuevo lago.
Imágenes tomadas desde satélites y sobrevuelos permitieron detectar la nueva masa de agua y confirmar que el bloqueo había alterado profundamente el paisaje. El lago se encuentra aproximadamente a 10 kilómetros del paso fronterizo de Gyirong, una zona que ya sufrió graves daños durante la primera inundación.
Millones de metros cúbicos de agua detrás de una barrera de escombros
Lo que más preocupa a los especialistas no es solamente la existencia del lago, sino la naturaleza de la barrera que lo contiene.
A diferencia de una presa construida con materiales diseñados para soportar presión, la barrera está formada por rocas, hielo, barro y otros sedimentos procedentes del desprendimiento.
Eso significa que su estabilidad es difícil de determinar.
Según las autoridades chinas, podrían entrar alrededor de 3 millones de metros cúbicos adicionales de agua en el lago durante varios días. Las previsiones indicaban que el riesgo podía aumentar alrededor del 1 de septiembre, especialmente si las lluvias continúan.
El problema es que cualquier nueva avalancha o episodio de lluvias intensas podría aumentar rápidamente el nivel del agua.
¿Qué ocurriría si la barrera se rompe?
El escenario que más preocupa es una inundación repentina por ruptura de la barrera.
Si el agua consigue abrirse paso a través de los sedimentos o destruye completamente el dique natural, millones de metros cúbicos podrían desplazarse de manera abrupta hacia el cauce del río.
La velocidad y el volumen de esa corriente podrían arrastrar nuevamente piedras, árboles, barro y otros materiales.
Y esta vez las autoridades están especialmente preocupadas porque el terreno y las infraestructuras ya quedaron debilitados por la primera catástrofe.
Una nueva crecida podría afectar carreteras, puentes, centrales hidroeléctricas y comunidades que todavía se encuentran en proceso de evacuación y recuperación.
Una amenaza que no significa necesariamente otra tragedia igual
Los científicos advierten que la existencia del lago no significa automáticamente que vaya a producirse otra inundación de la misma magnitud.
De hecho, algunos expertos consideran que un desastre exactamente igual al primero es poco probable.
El riesgo, sin embargo, es suficientemente serio como para justificar las medidas preventivas adoptadas por las autoridades.
Nepal y China han pedido a habitantes, trabajadores de rescate y viajeros que se alejen de las zonas bajas y de las riberas de los ríos. Algunos equipos de emergencia incluso han tenido que trasladarse hacia terrenos más elevados para evitar quedar expuestos a una posible nueva crecida.
La prioridad ahora es vigilar continuamente el nivel del agua y comprobar si la barrera permanece estable.
El peligro no termina con una avalancha
La tragedia demuestra algo importante sobre los desastres en las grandes montañas.
Un desprendimiento puede ser solamente el primer eslabón de una cadena mucho más larga.
En este caso, el colapso de hielo y roca desencadenó una avalancha. La avalancha bloqueó un río. El bloqueo creó un lago. Y ese lago podría convertirse, a su vez, en el origen de una nueva inundación.
Es una sucesión de fenómenos conocida por los científicos como un efecto dominó de riesgos naturales.
Lo ocurrido también demuestra por qué resulta tan difícil predecir algunos desastres en el Himalaya. Los desprendimientos de glaciares y las avalanchas de hielo y roca pueden producirse con muy poco aviso y son más difíciles de anticipar que otros fenómenos como las inundaciones provocadas exclusivamente por lluvias.
Un Himalaya cada vez más vulnerable
La situación vuelve a poner el foco sobre los cambios que están experimentando los glaciares del Himalaya.
El calentamiento global está acelerando la pérdida de hielo en muchas zonas de alta montaña y puede contribuir a modificar la estabilidad de glaciares, laderas y depósitos de sedimentos.
Los expertos advierten que el problema no consiste simplemente en que haya menos hielo.
En determinadas circunstancias, la transformación del hielo puede aumentar la inestabilidad del terreno y crear nuevas amenazas aguas abajo.
Eso resulta especialmente preocupante en una región donde numerosas comunidades, carreteras, centrales hidroeléctricas y rutas turísticas se encuentran en estrechos valles atravesados por ríos de montaña.
El tiempo juega en contra
Mientras continúan las operaciones de rescate por la primera catástrofe, los equipos de emergencia tienen que afrontar una segunda amenaza.
En algunas zonas, las carreteras quedaron destruidas y el acceso es extremadamente complicado. En el lado tibetano, los trabajos de rescate y reconstrucción se han visto obstaculizados por los daños en la carretera que conduce al paso de Gyirong, además de las fuertes corrientes y la inestabilidad del terreno.
Cada nueva lluvia puede aumentar la preocupación.
Cada desprendimiento puede modificar la barrera.
Y cada aumento del nivel del agua obliga a reconsiderar los planes de evacuación.
Por eso, las autoridades están vigilando el lago mientras intentan determinar si la estructura que lo contiene puede mantenerse estable.
Una advertencia que va más allá de Nepal y Tíbet
El nuevo lago representa mucho más que una amenaza localizada.
Es un ejemplo de cómo, en las regiones montañosas, un fenómeno extremo puede desencadenar otros peligros durante días o incluso semanas.
La catástrofe de agosto dejó cientos de muertos y miles de desaparecidos, y destruyó importantes infraestructuras. Ahora, cuando las comunidades apenas comienzan a recuperarse, existe el temor de que el paisaje transformado por la avalancha vuelva a liberar su enorme cantidad de agua.
La lección es clara: cuando una montaña cambia de forma, el peligro no desaparece necesariamente cuando termina la primera inundación.
A veces, el verdadero riesgo queda escondido detrás de una barrera de rocas y barro, acumulando agua en silencio.
Y en el Himalaya, donde millones de personas viven aguas abajo de glaciares, lagos y ríos de montaña, detectar a tiempo ese peligro puede ser la diferencia entre una evacuación preventiva y otra tragedia.

