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NoticiasAmerica Latina

May 2, 2025

“Cuando trabajar no alcanza: la crisis salarial que vació de fuerza laboral a Venezuela”

Durante más de una década, Venezuela ha vivido una de las crisis económicas más profundas del continente. Uno de los efectos más devastadores ha sido la pérdida masiva de su fuerza laboral. Millones de venezolanos dejaron de trabajar formalmente no porque no quisieran, sino porque ya no tenía sentido hacerlo: el salario mínimo, literalmente, no alcanzaba para nada.

El colapso del salario en Venezuela
En un país donde la inflación acumulada supera los millones por ciento desde 2015, el salario mínimo perdió su valor casi por completo. Para 2024, el sueldo mínimo oficial estaba por debajo de 5 dólares al mes. Eso es menos de lo que cuesta un almuerzo en cualquier ciudad del país.

Este fenómeno destruyó uno de los pilares más básicos de cualquier economía: la motivación para trabajar. ¿Qué incentivo hay para cumplir jornadas completas cuando el ingreso ni siquiera cubre el transporte o una barra de pan?

Un éxodo silencioso del mercado laboral
Frente a la imposibilidad de cubrir sus necesidades básicas, millones de trabajadores venezolanos abandonaron sus empleos formales. Algunos migraron al sector informal, donde al menos pueden recibir pagos en dólares o en trueques. Otros, simplemente, dejaron de trabajar. Y una tercera parte decidió emigrar, llevando consigo su talento, formación y esfuerzo.

Según cifras de organismos internacionales, más de 7 millones de venezolanos han salido del país desde 2015, muchos de ellos en edad productiva. Venezuela, literalmente, se está quedando sin trabajadores.

Del trabajo formal al rebusque
Las calles de Caracas, Maracaibo y otras ciudades están llenas de profesionales —ingenieros, maestros, enfermeros— que ahora venden empanadas, limpian vidrios en semáforos o hacen entregas en moto para sobrevivir.

El rebusque, el trabajo a destajo, las remesas y los "bachaqueos" (comercio informal de productos) se convirtieron en las nuevas formas de ingreso. Mientras tanto, el Estado mantiene salarios congelados, incluso para sectores tan vitales como la salud o la educación.

El impacto social de no trabajar
Más allá del aspecto económico, hay una consecuencia social profunda: la desmotivación generalizada. Cuando el trabajo deja de ser un medio de crecimiento, dignidad y estabilidad, se erosiona el tejido social. Jóvenes que no estudian ni trabajan, padres que no pueden sostener a sus familias, profesionales frustrados y una sensación colectiva de estancamiento y desesperanza.

¿Hay una salida?
La solución no será inmediata. Requiere una profunda reactivación económica, confianza institucional, políticas salariales realistas y estímulos para el trabajo productivo. Mientras tanto, millones de venezolanos siguen esperando algo tan básico como un salario que les permita vivir con dignidad.

Conclusión

Venezuela no solo ha perdido capital financiero; ha perdido capital humano. Y cuando trabajar no vale nada, se pierde también la esperanza. Reconstruir el valor del trabajo será uno de los desafíos más grandes —y más urgentes— en la reconstrucción del país.

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