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November 4, 2025

La nueva mirada de Trump hacia el sur: cómo y por qué Sudamérica se ha convertido en una pieza clave de su estrategia global

En un giro estratégico que pocos anticiparon, el presidente Donald Trump ha comenzado a dedicar una atención sin precedentes a Sudamérica, combinando diplomacia, presión económica y presencia militar en una región que históricamente había quedado fuera del foco principal de la política exterior estadounidense.

La pregunta es: ¿por qué ahora?
Y más importante aún, ¿qué busca —y qué ha conseguido— Trump con esta renovada influencia sobre el continente?

🇺🇸 Un cambio de enfoque en la Casa Blanca

Durante su primer mandato, Trump concentró su política exterior en China, Rusia y Medio Oriente, con escasa mención a América Latina.
Pero en los últimos meses, su discurso y sus acciones muestran una reorientación táctica hacia el sur, impulsada por tres objetivos principales:

Reducir la influencia de China en la región.

Fortalecer alianzas con gobiernos de derecha afines ideológicamente.

Controlar el flujo migratorio y los corredores del narcotráfico.

“Sudamérica se ha convertido en un terreno de competencia estratégica. No podemos permitir que Pekín ni Moscú llenen el vacío que dejamos durante décadas”, declaró el secretario de Estado Mike Pompeo.

La batalla por la influencia: China, el rival silencioso

El avance económico y tecnológico de China en Sudamérica ha sido vertiginoso: acuerdos mineros con Perú, inversiones portuarias en Brasil, presencia en telecomunicaciones en Argentina y créditos millonarios a Venezuela y Ecuador.

Washington percibe este fenómeno como una “colonización económica moderna”, y Trump ha respondido con una ofensiva diplomática y comercial directa, buscando recuperar aliados tradicionales.

“China está comprando el futuro de Sudamérica. Nosotros ofrecemos libertad, no dependencia”, dijo Trump en una reciente cumbre hemisférica.

Entre sus movimientos más notables está la firma de nuevos acuerdos energéticos con Brasil, la reactivación de cooperación militar con Colombia y Chile, y negociaciones comerciales con Argentina y Paraguay.

El auge de los gobiernos aliados

La expansión del llamado “eje conservador latinoamericano” también ha facilitado la estrategia de Washington.
Presidentes como Javier Milei (Argentina), Daniel Noboa (Ecuador) y Santiago Peña (Paraguay) comparten con Trump una visión liberal en economía y nacionalista en política, lo que ha fortalecido las relaciones bilaterales.

“Estamos viviendo una nueva era de cooperación basada en valores compartidos: libertad económica, soberanía y fe”, afirmó Milei tras reunirse con una delegación estadounidense en Buenos Aires.

En los hechos, Trump ha logrado alinear a varios gobiernos sudamericanos en votaciones clave ante la ONU y en foros multilaterales, especialmente en temas de sanciones a Venezuela y apoyo a Israel.

Comercio y energía: el nuevo tablero económico

El interés de Washington no es solo político.
Sudamérica concentra más del 60% del litio mundial, además de enormes reservas de gas, petróleo y alimentos.
El auge de la transición energética ha convertido a la región en un actor estratégico, y EE.UU. busca asegurar el acceso preferente a esos recursos.

Recientemente, empresas estadounidenses firmaron acuerdos de exploración en Argentina y Bolivia, así como nuevos contratos de exportación agrícola con Brasil y Uruguay.

“Trump entiende que la próxima batalla global no será solo militar, sino energética. Y Sudamérica tiene las llaves de esa guerra silenciosa”, señala el analista internacional Michael Shifter del Inter-American Dialogue.

Venezuela, el punto más tenso

El caso de Venezuela sigue siendo el eje de la estrategia de presión regional.
Trump ha endurecido las sanciones al gobierno de Nicolás Maduro y mantiene una presencia militar disuasiva en el Caribe, con operaciones conjuntas junto a Colombia y países aliados.

Aunque la intervención directa parece improbable, funcionarios estadounidenses admiten que el objetivo sigue siendo “asfixiar económicamente al régimen” y apoyar una transición política negociada.

“Cada día sin democracia en Venezuela es una victoria para el crimen y una derrota para la libertad”, declaró el asesor de seguridad nacional John Bolton.

Presencia militar y disuasión estratégica

Además del frente económico, el Pentágono ha incrementado su presencia en la región bajo el argumento de “combatir el narcotráfico y el terrorismo transnacional”.
Esto incluye operaciones conjuntas en el Caribe y Centroamérica, así como el establecimiento de bases logísticas temporales en Colombia y Panamá.

Para analistas, el despliegue es parte de una estrategia más amplia para restablecer la hegemonía militar estadounidense en un espacio donde Rusia y China han incrementado su influencia.

Los resultados hasta ahora

Pese a las controversias, la estrategia de Trump ha dado resultados visibles:

EE.UU. ha recuperado influencia política en al menos cinco países sudamericanos.

Ha fortalecido alianzas energéticas y de defensa.

Y ha posicionado nuevamente a América Latina en la agenda geopolítica global, algo que no ocurría desde principios de los 2000.

Sin embargo, el costo diplomático es alto: protestas en sectores progresistas, críticas por intervencionismo y tensión con gobiernos como los de Colombia y Chile que temen un regreso a la política de bloques.

Un tablero en movimiento

Sudamérica vuelve a ser campo de disputa entre potencias, pero ahora bajo nuevas reglas.
Trump apuesta por el pragmatismo económico y la presión diplomática, mientras China y Rusia responden con inversiones y cooperación tecnológica.

“Ya no se trata de ideología, sino de influencia. Y en esa carrera, cada puerto, cada mina y cada voto cuenta”, resume el politólogo Eduardo Gamarra.

Una apuesta que puede redefinir el mapa

La atención que Trump presta hoy a Sudamérica podría marcar un punto de inflexión en las relaciones hemisféricas.
Si logra consolidar su influencia sin provocar una reacción adversa en la región, Estados Unidos podría recuperar el liderazgo que perdió durante décadas.
Pero si se excede en presión o retórica, corre el riesgo de revivir el antiamericanismo histórico del continente.

“Sudamérica ya no es el patio trasero de nadie. Es el tablero donde se juega el futuro energético, comercial y político del siglo XXI”.

Y Trump, con su estilo directo y polémico, parece decidido a mover las piezas primero.

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