“Más caro cada día: cómo la crisis post-Maduro en Venezuela agrava la inflación y empobrece a la población”
Mientras la atención internacional se ha centrado en los cambios políticos en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, para millones de venezolanos la preocupación más inmediata no es la política, sino el costo de la vida diaria. La frase de muchos ciudadanos —“Me siento más pobre hoy que en diciembre”— refleja un dolor compartido a medida que los precios de bienes básicos y servicios aumentan de forma constante en un país ya marcado por décadas de crisis económica.
Inflación galopante y precios que no paran de subir
Según proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI), Venezuela cerró 2025 con una inflación extremadamente alta, lo que ya afectaba el poder adquisitivo de los hogares antes de la crisis política. Desde entonces, la inestabilidad cambiaria y la incapacidad de vender petróleo —su principal producto de exportación— han intensificado las presiones sobre los precios.
Los venezolanos describen cómo, día tras día, la misma cantidad de dinero compra menos. El bolívar se ha depreciado en los mercados paralelos y muchas tiendas cotizan productos tanto en bolívares como en dólares, lo que obliga a los consumidores a hacer cuentas constantes para poder comprar.
El salario no alcanza y los precios suben más rápido
El golpe al bolsillo venezolano es doble:
por un lado, los ingresos reales de las familias siguen bajos o estancados,
por otro, los precios de alimentos, transporte y servicios esenciales suben con rapidez.
El economista Jesús Palacios explica que esta pérdida de poder de compra se empezó a sentir incluso en diciembre de 2025 y que se ha profundizado con la reciente crisis política, que genera incertidumbre en los mercados y presiona al alza los precios.
En muchos casos, se ha vuelto habitual que negocios cambien de precio de un día para otro, obligando a quienes viven con ingresos fijos o bajos a replantear qué comprar o qué dejar de comprar.
Mercados y moneda: una combinación dolorosa
La volatilidad del tipo de cambio —combinada con un aumento generalizado de los precios— afecta a todos los sectores de la economía. Aunque Venezuela ha experimentado una dolarización de facto, muchos productos siguen dependiendo de importaciones o de insumos cotizados en divisas extranjeras.
Esa realidad se traduce en que bienes básicos como alimentos, medicamentos y artículos de higiene personal suben más que los ingresos de la mayoría de los trabajadores, lo que empuja a más familias a reducir su consumo o a recurrir a economías informales para sobrevivir.
Inseguridad alimentaria y compras precarias
La crisis de precios también se mezcla con un problema más profundo: la inseguridad alimentaria. En Venezuela, millones de personas enfrentan dificultades para acceder a alimentos nutritivos con regularidad, y muchos hogares reducen la cantidad o calidad de las comidas para poder estirar su presupuesto.
Organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) han señalado que cerca del 15 % de la población requiere asistencia urgente para alimentarse, mientras que casi 40 % vive con inseguridad alimentaria moderada o severa.
Voces de la gente: más que una estadística
Para personas como Yarilén, una pensionada de Caracas, la vida cotidiana se ha convertido en una lucha constante. A pesar de tener billetes en la mano, su valor real es cada vez menor, y la necesidad de pensar en dólares para muchas compras se ha vuelto una carga emocional y económica.
Otra vendedora ambulante, Sandra, resume el sentimiento de muchos: aunque Venezuela es rica en recursos como petróleo, oro y minerales, la intervención externa y la inestabilidad interna han aumentado la sensación de empobrecimiento y precariedad entre la población.
¿Hay luz al final del túnel?
Algunos analistas consideran que la posibilidad de reanudar exportaciones de petróleo y de acceder a financiamiento internacional podrían, a mediano plazo, aliviar algunas presiones económicas. Sin embargo, en el corto plazo la situación sigue siendo extremadamente complicada para las familias venezolanas, que ven cómo la crisis política se traduce en precios más altos y un poder adquisitivo cada vez más reducido.
Conclusión: precios que duelen, vidas en incertidumbre
Mientras el mundo observa cambios políticos en Venezuela, en las calles de Caracas y otras ciudades el aumento constante de precios es una realidad que pesa más que cualquier titular. El sentimiento de “estar más pobre hoy que en diciembre” no es solo una frase: es la expresión de millones que ven cómo sus ingresos alcanzan cada vez menos, y cómo las decisiones geopolíticas y económicas se reflejan en el costo de un kilo de queso, un litro de gasolina o una bolsa de compras.
La crisis política y económica que vive el país ha intensificado problemas que ya existían, y por ahora las familias venezolanas enfrentan una dura realidad: menos dinero rinde menos, y cada día cuesta más vivir.

