América Latina reduce el hambre: cómo República Dominicana se convirtió en un caso de éxito
Durante décadas, América Latina y el Caribe han enfrentado una paradoja: una región con una enorme capacidad agrícola y una producción suficiente para alimentar a su población, pero donde millones de personas todavía tienen dificultades para acceder regularmente a alimentos adecuados.
Los datos más recientes muestran, sin embargo, una evolución positiva. La prevalencia del hambre en la región ha disminuido durante varios años consecutivos y República Dominicana acaba de alcanzar un hito que pocos países de la región han conseguido: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) confirmó que el país redujo la subalimentación por debajo del 2,5% de su población, el umbral utilizado internacionalmente para considerar alcanzada la meta de “Hambre Cero”.
El logro no significa que nadie pase hambre en República Dominicana. Significa que el hambre crónica ha descendido hasta situarse por debajo del nivel establecido por la FAO para esta meta.
Y detrás de esa cifra hay una historia de políticas públicas, crecimiento económico y programas sociales que resulta especialmente interesante para otros países latinoamericanos.
¿Cuántas personas siguen pasando hambre en América Latina?
La situación regional ha mejorado, pero está lejos de estar resuelta.
Según el Panorama Regional de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición 2025, elaborado por organismos de Naciones Unidas, la subalimentación afectó al 5,1% de la población de América Latina y el Caribe en 2024, frente al 6,1% registrado en 2020.
Eso significa que alrededor de 32 millones de personas seguían padeciendo hambre en la región, aunque unos 6,2 millones habían dejado atrás esa situación respecto a 2020.
La tendencia es alentadora, pero las cifras esconden enormes diferencias entre países y grupos sociales.
El hambre continúa afectando de manera desproporcionada a las poblaciones más pobres, las comunidades rurales y quienes viven en zonas golpeadas por conflictos, fenómenos climáticos o falta de infraestructura.
El problema no es solamente tener comida
Uno de los errores más frecuentes al hablar del hambre es pensar únicamente en la cantidad de alimentos disponibles.
Una persona puede vivir en un país que produce abundante comida y, aun así, no tener suficiente dinero para comprar una dieta adecuada.
Ese es uno de los grandes desafíos actuales.
En 2024, alrededor del 27,4% de la población de América Latina y el Caribe —unos 181,9 millones de personas— no podía permitirse una dieta saludable, según los datos regionales de Naciones Unidas.
Por eso, combatir el hambre requiere mucho más que aumentar la producción agrícola.
También implica mejorar los ingresos familiares, controlar la volatilidad de los precios, fortalecer las cadenas de distribución y garantizar que los alimentos nutritivos sean económicamente accesibles.
La transformación de República Dominicana
República Dominicana ofrece un ejemplo particularmente llamativo.
La FAO confirmó en julio de 2026 que el país consiguió reducir la subalimentación por debajo del 2,5%, alcanzando así la meta de “Hambre Cero” antes de lo previsto para el período 2024-2028.
El resultado no apareció de la noche a la mañana.
Durante años, el país combinó diferentes políticas relacionadas con la seguridad alimentaria, la protección social y la producción agropecuaria.
La estrategia incluyó programas destinados a garantizar el acceso a alimentos para sectores vulnerables, apoyo a productores y medidas para mejorar la capacidad de respuesta ante crisis.
La experiencia dominicana demuestra que reducir el hambre no depende de una única medida.
Es el resultado de varias políticas que funcionan simultáneamente y que consiguen proteger a las familias más vulnerables cuando aparecen dificultades económicas o sociales.
El papel de la protección social
Uno de los elementos fundamentales en cualquier estrategia contra el hambre es evitar que una familia caiga en una situación de inseguridad alimentaria cuando pierde ingresos.
Los programas de transferencias, alimentación escolar y apoyo a hogares vulnerables pueden funcionar como una red de protección.
Esto resulta especialmente importante durante períodos de inflación, desastres naturales o pérdida de empleos.
En República Dominicana, el fortalecimiento de las políticas sociales ha sido parte de una estrategia más amplia para mejorar las condiciones de vida y garantizar el acceso a alimentos.
El objetivo no es simplemente entregar comida.
Es evitar que una crisis temporal termine convirtiéndose en hambre crónica.
Producir más y distribuir mejor
La agricultura también ocupa un lugar central.
América Latina posee algunas de las zonas agrícolas más productivas del planeta, pero la producción por sí sola no garantiza que los alimentos lleguen a quienes más los necesitan.
Las carreteras, los sistemas de almacenamiento, la cadena de frío, los mercados locales y el acceso de los pequeños productores al financiamiento pueden determinar cuánto cuesta finalmente un alimento en el supermercado o en un mercado rural.
Por eso, una política efectiva contra el hambre necesita actuar tanto en el campo como en las ciudades.
Una región que está avanzando, pero a distintas velocidades
La reducción regional del hambre durante los últimos años es una señal positiva.
Pero América Latina continúa enfrentando amenazas importantes.
El cambio climático puede provocar sequías, inundaciones y pérdidas de cosechas. Las crisis económicas pueden elevar el precio de los alimentos. Los conflictos internacionales pueden encarecer combustibles y fertilizantes. Y la inflación puede hacer que una dieta saludable quede fuera del alcance de millones de familias.
Además, existe un problema que puede parecer contradictorio: mientras millones de personas tienen dificultades para alimentarse, otras sufren sobrepeso y obesidad.
Eso demuestra que el desafío no consiste únicamente en conseguir suficientes calorías.
También consiste en garantizar una alimentación nutritiva y equilibrada.
República Dominicana como ejemplo, no como excepción
El logro dominicano ha llamado la atención precisamente porque demuestra que avanzar hacia el “Hambre Cero” es posible.
La FAO ha invitado a otros países a estudiar la experiencia de República Dominicana y extraer lecciones de las políticas que permitieron reducir la subalimentación.
Pero copiar una política de manera automática no necesariamente funcionaría.
Cada país tiene una estructura económica, agrícola y social diferente.
Lo que sí puede replicarse es el principio fundamental: la seguridad alimentaria necesita mantenerse como una prioridad de Estado durante largos períodos y no solamente convertirse en una preocupación cuando aparece una crisis.
El hambre cero no significa bajar la guardia
Alcanzar el umbral internacional de hambre cero es un logro importante, pero mantenerlo puede ser todavía más difícil.
Una sequía prolongada, un huracán, una crisis económica o un aumento repentino de los precios puede hacer retroceder rápidamente los avances obtenidos.
Por eso, el desafío de República Dominicana ahora es consolidar lo conseguido.
Y para el resto de América Latina, la lección es igualmente importante.
La región ha demostrado que puede reducir el hambre. Los datos de los últimos años muestran que es posible avanzar incluso después de períodos de grandes dificultades.
Pero todavía quedan millones de personas que no pueden acceder de manera regular a una alimentación adecuada.
Una meta que va mucho más allá de una cifra
El hambre cero no debería entenderse únicamente como conseguir que una estadística caiga por debajo de determinado porcentaje.
Detrás de cada número hay una familia que puede tener que decidir entre comprar alimentos, pagar el alquiler o cubrir una factura.
Hay un niño que puede llegar a la escuela sin haber desayunado.
Hay un agricultor que produce alimentos pero no obtiene ingresos suficientes para alimentar a su propia familia.
Por eso, el verdadero significado del avance de República Dominicana está en demostrar que las políticas sostenidas pueden cambiar esas historias.
América Latina todavía tiene un largo camino por recorrer, pero ya existen señales de que el hambre no es un destino inevitable.
República Dominicana acaba de demostrar que alcanzar un nivel cercano al hambre cero es posible.
Ahora el desafío será conseguir que ese avance sea duradero y que, algún día, la seguridad alimentaria deje de ser un privilegio de algunos para convertirse en una realidad cotidiana para todos.

