Entre fogones improvisados y apagones: la vida cotidiana en Cuba ante el mayor racionamiento de combustible en décadas
“Cocinamos con carbón y leña para tres familias del barrio”. La frase, repetida en distintos rincones de Cuba, resume una realidad que se ha vuelto cotidiana: el mayor racionamiento de combustible en décadas ha obligado a miles de hogares a reinventar su día a día, en una situación que muchos comparan con el recordado Periodo Especial de los años noventa.
Volver al carbón y a la solidaridad vecinal
La escasez de diésel y gasolina ha reducido el transporte público, limitado la distribución de alimentos y afectado la generación eléctrica. En barrios de La Habana y otras provincias, los vecinos comparten recursos:
Un saco de carbón alcanza para varias casas.
Se cocina en patios comunes.
Se organizan turnos para aprovechar el poco gas disponible.
La improvisación no es nueva en la isla, pero el nivel de restricciones actual ha intensificado prácticas que parecían superadas.
Apagones prolongados y rutina alterada
Los cortes eléctricos se han vuelto frecuentes y, en algunas zonas, duran varias horas al día. Sin electricidad estable, tareas básicas como refrigerar alimentos, bombear agua o trabajar desde casa se complican. Pequeños negocios privados también enfrentan pérdidas, lo que impacta el ingreso familiar.
La falta de combustible afecta incluso servicios esenciales, creando un efecto dominó en la economía local.
¿Qué lo provocó?
El racionamiento responde a una combinación de factores:
Reducción en el suministro de petróleo importado.
Limitaciones financieras para adquirir combustible en el mercado internacional.
Infraestructura energética deteriorada.
El resultado es un país que depende de recursos escasos para sostener su funcionamiento básico.
El eco del Periodo Especial
Muchos cubanos recuerdan el Periodo Especial tras la caída de la Unión Soviética, cuando el colapso del apoyo económico provocó apagones masivos, escasez de alimentos y transporte casi inexistente. Hoy, las comparaciones surgen de manera natural:
Similitudes:
Uso extendido de bicicletas y transporte alternativo.
Cocina con leña o carbón.
Solidaridad comunitaria para enfrentar la escasez.
Diferencias:
Mayor presencia de pequeños negocios privados.
Acceso limitado a internet y redes sociales, que visibilizan la crisis.
Una economía parcialmente dolarizada.
Aunque el contexto internacional es distinto, la sensación de retroceso es palpable.
Resiliencia en medio de la escasez
Pese a las dificultades, la creatividad y la cooperación siguen siendo rasgos fuertes en la sociedad cubana. Familias que comparten alimentos, vecinos que cocinan juntos y redes informales que ayudan a conseguir combustible muestran una capacidad de adaptación que ha sido clave en momentos críticos anteriores.
Sin embargo, la pregunta que flota en el ambiente es cuánto tiempo podrá sostenerse este equilibrio precario.
Más que una crisis energética
El racionamiento actual no solo es un problema de combustible, sino un reflejo de vulnerabilidades estructurales en la economía cubana. Mientras no se estabilice el suministro energético, la vida cotidiana seguirá marcada por la improvisación.
Entre brasas encendidas y ollas compartidas, muchos cubanos sienten que la historia se repite. Y aunque la experiencia pasada ofrece lecciones de resistencia, también deja claro que la estabilidad energética es clave para evitar que el presente se convierta en un nuevo capítulo prolongado de escasez.

