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NoticiasAmerica Latina

March 27, 2025

Sin país, sin destino: los migrantes de Asia y África atrapados en Panamá tras ser deportados de EE.UU.

En medio de la densa selva del Darién y los abarrotados albergues panameños, cientos de migrantes de Asia y África viven una de las situaciones más desesperadas del éxodo global contemporáneo. Deportados desde Estados Unidos bajo nuevas políticas migratorias más estrictas, y sin posibilidad de regresar a sus países de origen, han quedado atrapados en un limbo geográfico, legal y humano en territorio panameño.

Su situación revela una crisis silenciosa, fuera del foco mediático, que afecta a personas procedentes de países como India, Bangladesh, Pakistán, Somalia, Nigeria y Senegal, entre otros.

La nueva política migratoria y su impacto
Desde principios de 2025, la administración del presidente Donald Trump endureció las deportaciones de migrantes considerados "inadmisibles", incluyendo a miles que ingresaron por la selva del Darién, tras recorrer más de diez países desde Asia o África.

Al ser deportados, muchos no fueron enviados a sus países de origen, sino al último punto de tránsito registrado: Panamá, que ahora enfrenta una crisis humanitaria ante la llegada de deportados para los que no tiene responsabilidad legal ni capacidad logística.

“No podemos volver ni avanzar”
"Estados Unidos no nos quiere. Panamá no nos reconoce. Y volver a casa sería una sentencia de muerte”, dice Suleiman, un joven somalí que cruzó el Atlántico con la esperanza de pedir asilo y rehacer su vida lejos del conflicto armado.

Como él, hay médicos, estudiantes, obreros y madres jóvenes que invirtieron todos sus ahorros —o incluso se endeudaron con redes de tráfico humano— para llegar a EE.UU., solo para ser deportados sin audiencia, sin proceso, sin oportunidad.

Muchos enfrentan persecución religiosa, violencia política o discriminación étnica en sus países. Otros simplemente huyeron del hambre o del colapso económico. Pero todos coinciden en algo: no tienen a dónde ir.

Panamá: entre la saturación y la indiferencia
Los albergues de migrantes en la zona de Darién y otras regiones están al límite. Las ONG alertan que no hay suficientes alimentos, medicinas ni espacio. Las autoridades panameñas, por su parte, han señalado que el país no tiene recursos para absorber ni regularizar a los deportados.

"Panamá no es un país de destino, solo de tránsito", repiten funcionarios que se ven superados por la situación. Pero para quienes están atrapados ahí, el tránsito se convirtió en encierro.

Un limbo sin derechos
Al no tener estatus legal, los migrantes no pueden trabajar, ni acceder a servicios básicos, ni solicitar protección formal. Tampoco pueden salir legalmente del país. Están atrapados.

Algunos han intentado cruzar hacia Costa Rica de forma irregular, otros sobreviven en las calles o en campamentos improvisados. Muchos viven con miedo a ser detenidos nuevamente o víctimas de redes criminales que se aprovechan de su vulnerabilidad.

Una crisis que exige respuesta global
Organizaciones como Human Rights Watch, ACNUR y la OIM han comenzado a documentar estos casos, alertando sobre posibles violaciones a derechos humanos y pidiendo a la comunidad internacional que ofrezca soluciones de reasentamiento, rutas seguras y protección humanitaria.

Mientras tanto, cientos —y posiblemente miles— de migrantes asiáticos y africanos siguen esperando, en un país que no eligieron, sin respuestas claras ni esperanza a corto plazo.

“No podemos volver. No podemos quedarnos. Y no sabemos a dónde ir.”
Su situación, invisibilizada por la política y olvidada por el mundo, representa el rostro más crudo de una crisis migratoria sin fronteras ni soluciones fáciles.

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