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July 21, 2025

Minerales estratégicos: el plan de Trump para romper la dependencia de China en tierras raras

Washington, D.C. — En un nuevo esfuerzo por reforzar la seguridad económica y tecnológica de Estados Unidos, el equipo de campaña del expresidente y actual candidato Donald Trump ha presentado un ambicioso plan para expandir la extracción de minerales de tierras raras en territorio estadounidense, con el objetivo de reducir la dependencia del país de las exportaciones chinas.

El plan, que forma parte de su agenda “America First 2.0”, busca convertir a EE.UU. en líder en producción local de estos minerales esenciales, fundamentales para la fabricación de teléfonos móviles, turbinas eólicas, vehículos eléctricos, baterías de alta capacidad y sistemas de defensa avanzada.

¿Qué son las tierras raras y por qué importan?
Las “tierras raras” no son escasas en la corteza terrestre, pero su extracción es compleja y costosa. Se trata de 17 elementos químicos, como el neodimio, disprosio y lantano, esenciales para la fabricación de tecnología de punta.

China controla actualmente más del 85% del procesamiento mundial de tierras raras, lo que le otorga una enorme ventaja geopolítica y comercial. Esta concentración preocupa a Washington, especialmente en un contexto de tensiones crecientes entre ambas potencias.

“No podemos permitir que nuestro ejército, nuestras industrias tecnológicas y nuestras cadenas de suministro dependan del Partido Comunista Chino”, declaró Trump en un evento en Nevada, estado clave por sus yacimientos minerales.

Los pilares del plan Trump
El plan incluye una serie de medidas diseñadas para fomentar la producción nacional:

Inversiones públicas y subsidios para reactivar minas de tierras raras inactivas, especialmente en California, Wyoming y Alaska.

Reducción de regulaciones ambientales y permisos más ágiles para acelerar la explotación de estos recursos.

Incentivos fiscales para empresas que desarrollen capacidades de procesamiento en EE.UU., hoy casi inexistentes.

Acuerdos con países aliados (como Australia y Canadá) para diversificar la oferta.

Restricciones a la importación de productos tecnológicos que dependan de tierras raras procesadas en China.

¿Puede EE.UU. competir con China?
En teoría, sí. Estados Unidos posee yacimientos significativos de tierras raras, especialmente en Mountain Pass, California, donde opera la principal mina del país. Pero el gran desafío está en la capacidad de refinado, un proceso que hoy domina China por su menor costo y su menor control ambiental.

“El cuello de botella no es solo la extracción, sino el procesamiento y la fabricación de componentes avanzados”, advierte Julia Attwood, experta en materiales críticos de BloombergNEF.

Para revertir esta situación, el plan de Trump propone alianzas público-privadas, atracción de capital extranjero y una política industrial agresiva, similar a lo que ya se ha hecho con los semiconductores.

Críticas y preocupaciones
Ambientalistas y sectores demócratas han reaccionado con preocupación ante la propuesta, señalando los posibles impactos ecológicos y sociales de expandir la minería en zonas sensibles.

“No se trata solo de extraer más, sino de hacerlo bien. Sin reglas claras, podemos terminar contaminando tierras indígenas, fuentes de agua y ecosistemas únicos”, denunció un informe del Sierra Club.

Además, algunos analistas advierten que una carrera por tierras raras sin cooperación internacional podría escalar tensiones con China, afectando otros frentes diplomáticos.

Conclusión: autonomía estratégica en juego
El plan de Trump para desarrollar el sector de tierras raras en EE.UU. no es solo una propuesta minera; es parte de una estrategia más amplia de soberanía tecnológica y contención de China. Si bien enfrenta desafíos técnicos, ambientales y diplomáticos, la apuesta refleja un consenso creciente en Washington: la próxima guerra por el poder global no será solo digital, sino mineral.

Y en esa carrera, tener el control de los elementos invisibles que hacen funcionar al mundo moderno puede marcar la diferencia.

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