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NoticiasAmerica Latina

September 8, 2026

Venezuela después del terremoto: el enorme desafío de reconstruir un país entre ruinas

Los terremotos que sacudieron Venezuela el pasado 24 de junio dejaron una imagen difícil de olvidar: edificios reducidos a escombros, familias buscando a sus seres queridos y comunidades enteras intentando recuperar una vida que, en cuestión de minutos, cambió para siempre.

Pero cuando termina la emergencia inicial comienza otra etapa que puede ser todavía más larga y complicada: la reconstrucción.

Para Susana Raffalli, experta venezolana en ayuda humanitaria con más de dos décadas de experiencia y participación en numerosas emergencias internacionales, lo ocurrido en Venezuela tuvo características que nunca había visto antes. En particular, le llamó la atención que los propios ciudadanos asumieran directamente labores de rescate y que, en algunas zonas, las comunidades más pobres fueran paradójicamente las menos afectadas.

Cuando los ciudadanos se convirtieron en rescatistas

Una de las escenas que más sorprendió a Raffalli fue observar a familiares y vecinos removiendo escombros con sus propias manos para intentar encontrar a personas atrapadas.

La reacción mostró una enorme capacidad de solidaridad, pero también expuso una realidad preocupante: cuando ocurre una catástrofe de semejante magnitud, la población no puede convertirse indefinidamente en sustituta de los organismos especializados.

La ayuda espontánea puede ser fundamental durante las primeras horas. Sin embargo, después llega la necesidad de coordinar, evaluar daños, establecer prioridades y distribuir recursos de manera eficiente.

Y ahí comienza el verdadero desafío.

Una tragedia que golpeó de manera desigual

Uno de los aspectos más particulares de los terremotos fue la forma en que afectaron a diferentes sectores de la población.

En La Guaira coexistían dos realidades muy distintas. En las zonas costeras se levantaban edificios y viviendas con acceso a servicios, mientras que en las laderas de las montañas se extendían asentamientos populares construidos por sus propios habitantes.

Tras los sismos, numerosos edificios ubicados en terrenos arenosos colapsaron, mientras que muchas viviendas situadas sobre zonas rocosas permanecieron en pie.

El resultado fue inesperado: en determinadas áreas, las personas que tradicionalmente eran consideradas las más vulnerables no fueron necesariamente las más afectadas por la destrucción física.

Eso plantea un problema adicional para las autoridades y las organizaciones de ayuda, porque la vulnerabilidad económica y la vulnerabilidad frente a un desastre no siempre coinciden.

Reconstruir no significa solamente levantar edificios

Después de una tragedia de estas dimensiones, existe una tentación lógica: comenzar cuanto antes a reconstruir viviendas.

Pero reconstruir una ciudad implica mucho más que levantar paredes.

Hay que recuperar carreteras, puentes, sistemas de agua potable, electricidad, hospitales, escuelas y redes de transporte. También hay que conseguir que las personas puedan volver a trabajar.

Para Raffalli, recuperar los medios de vida debe ser uno de los elementos centrales de la respuesta. Un pescador necesita volver a pescar; un comerciante, recuperar su negocio; un agricultor, volver a colocar sus productos en el mercado.

Por eso, una de las herramientas que pueden ayudar durante la recuperación son los programas de “dinero por trabajo”, mediante los cuales las personas reciben ingresos mientras participan en labores que contribuyen a recuperar sus propias comunidades.

Una reconstrucción demasiado grande para las ONG

La solidaridad de organizaciones humanitarias, voluntarios y comunidades será indispensable, pero existe un límite evidente.

La magnitud de la destrucción exige una capacidad de coordinación, inversión y ejecución que supera las posibilidades de las organizaciones no gubernamentales.

El Banco Mundial estimó en julio que los terremotos provocaron unos US$19.600 millones en daños físicos directos. El 47% correspondió a edificios residenciales, mientras que otro 27% afectó infraestructura y 26% edificios no residenciales. La Guaira y el Distrito Capital concentraron aproximadamente la mitad de los daños.

La cifra permite dimensionar el problema: no se trata simplemente de reparar miles de viviendas dañadas, sino de reconstruir una parte importante de la infraestructura física y económica de Venezuela.

Por eso, Raffalli insiste en que el Estado tendrá que asumir un papel central.

El riesgo de reconstruir demasiado rápido

Paradójicamente, reconstruir cuanto antes no significa necesariamente reconstruir bien.

Después de una catástrofe suele producirse una enorme demanda de cemento, acero, bloques, maquinaria y trabajadores especializados. Si todos intentan reparar sus propiedades al mismo tiempo, los materiales pueden escasear y los precios aumentar.

Expertos consultados por EFE ya habían advertido sobre este problema y señalaron la necesidad de establecer prioridades, comenzando por hospitales, escuelas y otras edificaciones esenciales.

Además, los edificios que quedaron en pie necesitan ser evaluados cuidadosamente. Una estructura que parece intacta puede haber sufrido daños que no son visibles a simple vista.

Reconstruir sobre edificios inseguros o volver a levantar viviendas en lugares expuestos al mismo riesgo sería convertir una tragedia en una amenaza futura.

El tiempo también es un enemigo

La reconstrucción no se mide solamente en meses.

Según el Banco Mundial, si Venezuela mantiene niveles relativamente bajos de inversión pública y privada, el proceso podría prolongarse durante una década, con consecuencias negativas para la actividad económica. Una reconstrucción más rápida, respaldada por mayores inversiones, permitiría reducir esos efectos.

Esto significa que el verdadero desafío no termina cuando se retiran los escombros.

Una familia puede recibir un techo temporal, pero todavía necesitará empleo. Un negocio puede recibir ayuda para reabrir, pero necesitará clientes. Una escuela puede ser reconstruida, pero necesitará maestros y servicios básicos.

La recuperación de una sociedad es mucho más compleja que la recuperación de sus edificios.

La pregunta que queda después de la tragedia

Venezuela enfrenta ahora una decisión que marcará los próximos años: reconstruir exactamente lo que existía antes o aprovechar la tragedia para construir de una manera diferente.

Los terremotos destruyeron viviendas e infraestructura, pero también dejaron al descubierto las debilidades de muchas de ellas.

Una reconstrucción responsable debería utilizar esa experiencia para reducir el riesgo futuro, mejorar los estándares de construcción y evitar que las comunidades vuelvan a quedar expuestas a las mismas amenazas.

También será necesario contar con información confiable sobre los daños y las necesidades de la población. En julio, el gobierno venezolano y Naciones Unidas anunciaron una evaluación conjunta de 60 días para determinar las necesidades de recuperación después de los terremotos.

Volver a empezar

Quizás la mayor enseñanza de esta tragedia sea que reconstruir no significa simplemente volver a poner las cosas en el lugar donde estaban.

Significa ayudar a las personas a recuperar su autonomía, sus empleos, sus hogares y sus comunidades.

La reacción de los venezolanos durante las primeras horas demostró que existe una enorme capacidad de solidaridad y organización desde abajo. Ahora, esa energía necesita acompañarse de planificación, recursos, conocimiento técnico y una estrategia nacional de largo plazo.

Porque después de un terremoto, los escombros son solamente la parte visible del desastre.

Lo verdaderamente difícil es reconstruir la vida que existía antes de que la tierra comenzara a temblar.

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