Generación Z en las calles: las protestas juveniles en Lima y los reclamos que desafían al gobierno peruano
Las calles del centro de Lima fueron escenario de intensas protestas encabezadas por jóvenes de la Generación Z, acompañados por otros sectores sociales, que terminaron en enfrentamientos con la policía y decenas de detenidos. El fenómeno, que se ha repetido en varias ciudades del país, refleja el creciente malestar de una generación que se siente excluida de las decisiones políticas y cansada de la corrupción.
¿Qué reclaman los jóvenes?
Los manifestantes levantaron consignas que giran en torno a tres grandes demandas:
Renovación política: denuncian que el Congreso y los partidos tradicionales no representan sus intereses y exigen reformas profundas.
Más oportunidades económicas: la precariedad laboral y la falta de acceso a empleos dignos son una de las principales frustraciones de los jóvenes peruanos.
Justicia social y ambiental: critican la desigualdad y reclaman acciones más firmes frente a la crisis climática, que golpea especialmente a las zonas rurales y a las comunidades vulnerables.
Un choque con la policía
La protesta derivó en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, que utilizaron gases lacrimógenos y carros hidrantes para dispersar a la multitud. Los jóvenes, por su parte, respondieron con cánticos, pancartas y en algunos casos con piedras. Organizaciones de derechos humanos denunciaron el uso excesivo de la fuerza y pidieron una investigación.
Una generación distinta
La Generación Z peruana (nacidos entre 1997 y 2012) ha mostrado un nivel de movilización inédita en los últimos años. Su fuerza radica en el uso de redes sociales para organizarse, visibilizar abusos y difundir mensajes políticos con rapidez. Para muchos analistas, este movimiento representa una ruptura con la apatía política que marcó a generaciones anteriores.
El trasfondo político
Perú atraviesa una prolongada crisis institucional, con presidentes destituidos, acusaciones de corrupción y un Congreso con baja aprobación. En este contexto, la irrupción de los jóvenes en las calles es vista como un síntoma de desgaste del sistema y una advertencia de que la paciencia social se está agotando.
Más que una protesta
Las movilizaciones no solo expresan enojo: también evidencian la búsqueda de una nueva forma de participación ciudadana. Los jóvenes exigen ser escuchados y buscan incidir en un futuro donde la política no se sienta ajena, sino cercana y responsable.

